Son muchos los atributos que llevan a que estos sujetos –algunos reales; otros, radiantemente imaginarios- sean adorados y reproducidos por millones
Uno de esos atributos es, sin duda, su distintivo color. Cuatro venezolanos
examinan la trascendencia de estos ídolos universales.

Agradecimientos:
Cines Unidos
A la usanza de Springfield
Un par de
generaciones ha crecido con ellos y al menos una más se los ha topado en su
etapa adulta. Los han visto lucir bronceados tras llegar a África o
fosforescentes luego de algún accidente pero, sin duda, es el característico
amarillo de su piel, el que los hace singulares entre las comiquitas
protagonizadas por “humanos”.
“Lo gracioso del asunto es que en el
momento de su creación había tinta de ese tono, el colorista Gyorgyi Peluce se
los enseñó así a Matt Groening y él los aprobó. No hay ningún trasfondo con
respecto a eso, por más que ahora se tejan otras teorías”, asevera el
publicista Roberto Alonso, quien, junto con su colega Leonardo Sierra, elaboró
la tesis Cuando la televisión ataca a la
televisión: análisis del discurso de la serie animada Los Simpson (UCV,
2010).
Si bien Alonso reconoce que parte de la trascendencia de estos
personajes viene dada por el hecho de que, al no ser blancos, negros, latinos o
asiáticos, causan identificación en cualquier lado, también sostiene que su
influencia masiva tiene otro origen. “Ellos muestran, critican e ironizan a la
familia tipo, que es la misma de Los
Supersónicos y de Los Picapiedra:
el papá que trabaja en la empresa del pueblo con un cargo técnico; la mujer que
se encarga de la casa y de los hijos, que son una parejita con una dualidad marcada:
o es una niña coqueta con un niño pila o es al revés y tienes al varón
pendiente de hacer maldades y a una nena súper brillante. Están las mascotas,
los abuelos, etc., y todos nos vemos ahí remedados, aunque tengas cinco
hermanos”, comenta.
A juicio del comunicador, el hecho de
que, en contraste con sus predecesoras que aludían al futuro o al pasado
remoto, los habitantes de Springfield tengan casi un cuarto de siglo reflejando
el presente de la clase media occidental, contribuye con su éxito. “Porque es
común eso del padre que un fin de semana ayuda al vecino a poner un piso; el
chamo travieso que no hay quien lo pare; la joven que desea ser inteligente y
cuyo entorno no le da importancia a la cultura y la mamá que, a pesar del
esposo machista, es el núcleo y la que hace que esas diferencias convivan y se
puedan sentar a comer en la misma mesa”.
¿Disfuncional? Sí. Y, ¿qué hogar no lo
es? “Por eso nos sentimos parodiados”, admite el redactor de J.W. Thompson.
Como es evidente, ningún cartoon
había satirizado ese hecho antes y, por extensión, miles de otros aspectos de
la sociedad. “Y lo interesante es que lo haga en una cadena tan radical,
conservadora y republicana como Fox, de la que se mofa tanto como lo hace de la
televisión en sí, siendo un producto televisivo”, remató quien desde sus seis
años de edad ha admirado a Homero, Bart, Lisa, Marge y Maggie.
Contentura áurea
Aunque
a los más mozos les cueste creerlo, el
símbolo compuesto por dos puntos negros y un semicírculo no surgió con la
necesidad de transmitir emociones en el ámbito digital. El popular emoticono
nació en papel y fue el emblema de una estrategia de marketing encaminada a
promover las sonrisas dentro de una aseguradora, por allá en los años sesenta.
Un decenio después, la paz y el amor
hippies lo propagaron y, además de enlazarlo con sus buenas intenciones, lo
vincularon con las sustancias indebidas; los fabricantes de chapas, parches y
franelas hicieron lo propio y, en conclusión, caló en numerosos ámbitos. No
obstante, con el transcurso del tiempo, la smiley
se ha convertido en una referencia frecuente en el ámbito de los comics, los
videojuegos, el cine y la música y, a la par, ha retornado a su intención
original: la de irradiar buenas intenciones.
En Venezuela es sinónimo de causas
positivas y cientos de campañas e instituciones la han empleado para impulsar,
gráficamente, sus objetivos. Uno de esos organismos es la Fundación Caras
Felices para Margarita, que se encarga de proveer atención integral
médico-odontológica en Nueva Esparta y el oriente del país.
“Nuestro logo es una carita feliz
con una margarita porque estamos en la isla y porque los niños que reciben
tratamiento para la malformación congénita de hendidura de labio y paladar se
vuelven alegres; a pesar de la cicatriz que se observa desde afuera, esa
felicidad interna se les nota en el rostro”, afirma su cabecilla, Jesús Eduardo
Fernández.
Hace un lustro, Fernández y una
veintena de expertos en las áreas de foniatría, pediatría, estomatología, entre
otras, se colgaron su chapita sonriente y se sumaron a la propuesta de
disminuir la cantidad de pacientes con el mal-llamado labio leporino,
procurándoles cirugías y rehabilitaciones gratuitas en la clínica popular El
Espinal y en los consultorios particulares de los galenos. “Les brindamos apoyo
psicológico previo y posterior al nacimiento a los padres, se programa la
intervención inicial cuando el bebé cumple tres meses y otras a continuación,
de acuerdo con el proceso de desarrollo de sus maxilares”, expone el líder de
la ONG.
Con un aproximado de 40 operaciones
anuales, de las cuales unas ocho son por primera vez y el resto son de
seguimiento correctivo, el especialista afirma que lleva el símbolo optimista
con orgullo: “En estos cinco años ya les hemos dado caras felices a unas 200
personas, entre adultos y menores de edad”, alega.
El ámbar de Liverpool
“We all live in
a yellow submarine”. ¿Quién
no ha escuchado ese coro en alguna ocasión -o en bastantes-? Con casi media
centuria rodando por las radios y las pantallas grandes y chicas es probable
que pocos puedan decir que no.
También es remota la posibilidad de
que alguien no haya avistado, al menos en una oportunidad, el buquecito de
silueta redondeada, cola de pez y matiz mostaza que, inspirado en la pieza
homónima, se tornó en la co-estrella de la cuarta película de los “Fab-4” y en
uno de los emblemas más queridos por sus fanáticos. “Con él arrancó la etapa
psicodélica de Los Beatles y se profundizó, a través del uso de los colores, el
arte, la ropa pegada e hindú y esa magia que abundaba en los años sesenta”,
indica Alejandro Pérez, fundador de la banda tributo Los Beat3.
Para Pérez, que el submarino sea
definitorio de una de las eras insignes del grupo más famoso del universo es
tan crucial, como el hecho de que haya sido el medio idóneo para acercar su
obra a los más jóvenes. “No se esperaban ese éxito porque la cinta fue idea de
un productor y ellos sólo le facilitaron las canciones y su breve cameo al
final. Sin embargo, les dio ese empuje infantil que les hacía falta, pues a los
niños les fascina por las imágenes y, en paralelo, se van enganchando con la
música. Además, con el cierre, registran quién es quién y eso es maravilloso”,
reflexiona.
Si bien está consciente del asunto
psicotrópico relacionado con el filme, este baterista estima que los más
pequeños no notan esos elementos y, por el contrario, se divierten absorbiendo
los otros valores que trataron de fomentar George, Ringo, Paul y John. “Ellos
ofrecieron siempre el amor y en el Submarino
se exhibe la historia del triunfo del bien sobre el mal, entre otras
cuestiones, porque a mí me gusta cuando suena ‘When I’m 64’ y ellos envejecen y
hacen referencia a la madurez”, asesta el sexagenario más pavo de los Beat3.
En adición a su mensaje, este
percusionista opina que el largometraje y su iconografía “permanecerán hasta la
eternidad” porque los fanáticos nunca los dejarán morir. “En 1999, durante la Semana
de Los Beatles que se hace anualmente el Liverpool, hicieron el lanzamiento
para DVD con tomas inéditas y fue un festival con artistas vestidos como de la
época, performances con los Blue
Meanies y fue una fantasía fabulosa, en la que tuvimos el honor de estar”,
relata y recueda que, en adición, este 2012 se lanzó la versión en Blu-ray con
material original.
Blondo para la seducción
Recordar el instante de la vida en el que se
advierte que existió una tal Marilyn Monroe es complicado, “porque es un icono
que, desde su aparición, ha estado permanentemente y del que suele hablarse,
escribirse o leer con demasiada frecuencia”, confiesa, de entrada, el cineasta
Alejandro Bellame.
Independientemente
de la etapa en la que se haga el descubrimiento, es innegable que no hay quien
no quede prendado por esa mujer que levantó las ventas de tantos tiñe-cabellos
porque, como reza uno de sus mayores éxitos musicales, Los caballeros las prefieren rubias.
Sea que se le
haya contemplado en una valla retro, en un afiche de latón, en una biografía
audiovisual o en algún museo, la curiosidad se despierta de forma inmediata y,
si se indaga más, el devenir de quien fuera la portada debut de la revista Playboy puede llegar a hipnotizar.
“Porque es una mujer-ídolo que se construyó de manera artificial y esa falsa
identidad fue apoderándose de la de verdad, lo que la llevó a tener muchísimo
éxito y terminó siendo su gran tragedia”, explica Bellame.
Como a miles, esa paradoja cautivó a
este realizador y lo condujo a examinarla con detenimiento, para luego
trasladarla a su medio de expresión con El
tinte de la fama, candidata venezolana a los premios Oscar 2009. “Yo quería
abordar la pérdida del propio ser y como Marilyn no se parecía a Marilyn, el
tema estaba servido”, manifestó.
Para el ex presidente de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos, ese
ser y no ser de la diva más grande del Star System es lo que la hace
trasladable a infinitos espacios, sin riesgo de que no se le pueda reconocer.
“Marilyn son unos labios rojos, un lunar en la mejilla y una peluca rubia; con
esos tres atributos cualquiera puede ser ella”, señala quien decidiera trazar
un par de Norma Jeanes criollas,
encarnadas en Elaiza Gil y Miguel Ferrari.
La
sensualidad travesti de uno y la inocencia de la otra se fundieron para recrear
a la diva platinada, en una tragicomedia en la que se exploraron visos de la
historia de Monroe y de la realidad local. “Ella simulaba ser la rubia tonta, divertida
y frívola y con ese artificio encantó al mundo, no obstante, en el fondo era
una mujer como otras y, al olvidarse de eso, se destruyó. Ahí vi una similitud
metafórica con lo que somos como gentilicio y como individuos en este país:
siempre copiando modelos foráneos y pocas veces buscando nuestra propia esencia
y nuestras fortalezas”, declaró el también director de El rumor de las piedras.
Al gravitar alrededor del costado
menos glamuroso de la eterna amante de los diamantes, Alejandro Bellame se
“curó en salud” y se alejó de las pretensiones de hacer un calco fiel de una de
las damas más escrutadas de Hollywood. Y resultó perfecto porque, como el mismo
admite, “ella fue única e inalcanzable”.
WWW
Escándalos de la
Monroe
http://www.revistadominical.com.ve/ContenedorInfografias/Los-escandalos-de-Marilyn-Monroe.aspx
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