Los niños no solo aprenden de los libros y de lo que la maestra apunta sobre la pizarra. Las infracciones que cometen los adultos ofrecen “enseñanzas” comentadas aquí por este grupo de niños de entre 10 y 13 años, y analizadas por el educador y psicoterapeuta Oscar Misle
De levantarse temprano
“Como mi papá es Pastor de una iglesia,
tenemos que pararnos temprano los fines de semana. Ya me paro temprano siempre
porque estoy acostumbrada”, Ángela Pirela, 11 años.
“Los fines de semana no hay que pararse
muy temprano, ni muy tarde porque hay que hacer la tarea que mandan igual”,
Lina Marea, 11 años.
Es importante que el niño tenga clara
la creación de hábitos, que le permitan organizar su vida, descansar y
recuperarse, acota Oscar Misle. “El niño los debe conocer, no es que se imponen
simplemente. Inclusive eso le permite ir estructurando su vida de acuerdo a lo
que puede dar en un determinado momento. Tenemos que ser flexibles, pero debenentender
la disciplina como esa forma de organizar el día y entender las prioridades”.
De los regaños
“Si no hago la tarea me quitan algo, la
televisión o el iPod, así que siempre la hago”, Sofía Díaz, 11 años.
“Mi papá no me regaña, es más flexible
e igual le hago caso”, Vladimir Pirela, 13 años.
“Es mejor hacerle caso a alguien que no
hace escándalo porque da más gusto hacerle caso”, Ángela Pirela, 11 años.
En ocasiones, puede haber una desautorización
porque hay desacuerdos sobre aspectos relacionados con el comportamiento del
niño. Esto no debe ser resuelto delante de él, porque se confundirá y, en un
determinado momento, “buscará el camino verde cuando tenga determinado interés
-puntualiza el especialista-. El niño puede hacerle caso al que siente que le
puede complacer o a aquel que le tiene miedo por la reacción que pueda tener.
Pero, ¿para qué estamos educando? Si es para que me hagan caso por el miedo o
para que el niño entienda cuáles son las consecuencias de sus actos”.
Del camino al colegio
“Cuando vas a hablar en privado, es
mejor hablar en el carro. Siento que hay más privacidad porque es un espacio
pequeño”, Ángela Pirela, 11 años.
“Si los papás hablan de un asunto
serio, hablan en el carro”, Sofía Díaz, 11 años.
Cuando los adultos se encuentran muy ocupados,
no disponen de tiempo para conversar, pero el carro es un espacio a la mano. “Hay
niños que me dicen `es la manera que no se nos escapen´, o `como mi papá está
distraído, va a ser menos severo´. Pero hay que buscar situaciones en las que
se le pierda el miedo a que toda la atención esté puesta en el niño”, comenta
Misle.
De las infracciones que
cometen los adultos
“No te puedes comer una luz roja porque
uno nunca sabe cuándo hay un policía”, Miguel Ángel Rondón, 10 años.
Algunos de los niños coincidieron en
que habían visto a gente mayor cometer alguna infracción. Para Misle, el niño
tiene claro el deber ser. “Pero al cometer una infracción, le estás diciendo
que es importante conocer las normas, pero su cumplimiento tiene excepciones.
Esa contradicción les hace mucho daño porque lo aprendido no se lleva a la práctica.
La enseñanza más efectiva, no es lo que se dice sino lo que se muestra a través
del ejemplo”.
De las peleas
“A veces uno sí se puede desquitar de
alguien si insultan a alguien de tu familia”, Vladimir Pirela, 13 años.
La agresividad es una forma de defender
y poner límites a una amenaza, indica el especialista consultado; no obstante,
el problema no es “que yo sienta rabia, inclusive ganas de vengarme, sino la
violencia, que es la acción. Los niños dicen `me provoca pero no lo hago´. Los
padres tienen que enseñarles control pues los niños pueden ser impulsivos. Es
importante lo que decimos pero también lo que hacemos”.
Tras una pérdida
“Cuando la gente se muere va a estar
mejor en otro mundo, no va a tener enfermedades”, Sofía Díaz, 11 años.
“Nuestro familiar va a estar feliz
porque va a estar junto a Dios, eso dice la religión”, Lina Marea, 11 años.
Los duelos los vivimos todos, cuando
muere ya sea un pariente, un amigo o una mascota. “Muchas veces al niño le
queda la angustia, el dolor. Los padres, para mitigar su dolor, utilizamos la
frase `está en el cielo´. El niño lo puede repetir porque es un alivio que
siente, ellos no ven el cielo no como un lugar etéreo, sino como un lugar que
pueden visitar. Esto es inconveniente, aunque hay que dejar que vivan sus
duelos, incluso cuando se pierde algo material, compartir las lágrimas y
hablarles de la muerte para que entiendan que es una realidad”, acota Misle.
De la apariencia de
los otros
“Los hippies son feos pero son buenos
porque son pacifistas”, Miguel Ángel Rondón, 10 años.
“La gente que sale en televisión es
importante”, Salomón Marea, 10 años.
“La gente que copia mucho en una agenda
es importante o periodista”, Miguel Ángel Rondón, 10 años.
Muchos pequeños coincidieron en que las
personas que usan traje también son importantes, y, a pesar de tales comentarios,
luego de preguntarles “¿y ustedes son importantes?”, la respuesta fue unánime:
“¡sí!”. Y, ¿por qué lo creen?: sus padres se los dicen. “La apariencia es
importante -añade Oscar Misle-. Hay un culto para lucir bien, lo que simboliza
estatus; pero ellos consideran que sentirse importante tiene que ver con que
los valoricen, los reconozcan, se lo expresen por lo que son y no por lo que
hacen”.
Cuando reciben un regalo
“Yo pienso que nos dan un regalo por
nuestro esfuerzo en el colegio o algo así”, Verónica Pirela, 10 años.
En algún momento se le puede expresar
cariño y recompensar a través de un detalle, pero esa no debe ser la forma de
decir “te quiero” ni de compensar la ausencia cuando se está muy ocupado o tras
un divorcio. Las cosas que le hacen feliz son gratis: estar con él y reconocer su
esfuerzo.
De la publicidad e Internet
“No hay que confiarse tanto. A veces
usan trucos para que la gente compre, me ha pasado. Tampoco creo mucho en
Internet, buscas la foto de alguien y te puede salir la de un vaguito”, Lina
Marea, 11 años.
“Max Steel no es como una Barbie, es un
muñeco de acción y en la televisión y en la caja lo dicen”, Salomón Marea, 10
años.
Es crucial que los padres ofrezcan una
mirada crítica a todos estos mensajes que vienen de películas, series de
televisión, dibujos animados y comerciales, y que apuntan a la creencia según
la cual adquirir determinadas pertenencias va a cambiar la vida y acercar la
felicidad. “Cuando tienen el juguete y logran constatar que es un mensaje
engañoso, los niños se van dando cuenta de esto, pero es importante es
sentarnos con ellos para que puedan ver de manera más crítica y selectiva las opciones que tomen”, comenta Misle.
Del entorno
“Mi abuelo era farmaceuta y mi papá
aprendió de él, a mí me gustaban las curas que él hacía y los libros del cuerpo
humano. De grande quiero ser científica, astrónoma y estudiar medicina”, Lina
Marea, 11 años.
Para Oscar Misle, el entorno es
determinante al momento de elegir las futuras, el problema está cuando estas se
imponen. “Si el entorno lee, investiga, está actualizado y además profundiza
porque discute los temas, el niño va teniendo ese gusto por leer, investigar y
una visión mucho más profunda para ver críticamente la realidad. Donde hay
profesionales a los que además les gusta lo que hacen, es una fuente de inspiración”.
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