La red social con alrededor de 50 millones de afiliados en el planeta también tiene adeptos en Venezuela
En la actualidad, abunda la nostalgia en varios ámbitos de la cultura pop,
entre ellos el de los gadgets
tecnológicos. Eso se traduce en que aunque se posea el software, la aplicación
o el mecanismo más avanzado, ese elemento puede estar “decorado” del modo más vintage o, incluso, puede generar
productos retro.
Instagram
es uno de los mejores ejemplos de esto pues, al igual que Hipstamatic, Camera
Bag, Retro Camera Plus, Plastiq Camera, Vintage Scenes, Molome, entre otras cientos
de apps, lleva al teléfono
inteligente la posibilidad de darle un
look antiguo a las imágenes que capturan sus usuarios, a través de su
formato cuadrado y de los 11 filtros con los que se puede embellecer el “cromo”.
La diferencia, con la mayoría de las anteriores, es que el programa que ocupa estas
líneas es gratuito para soportes iOS (Apple) y Android.
Numeritos: afuera y acá
La ausencia de costos y su interfaz súper amigable
hacen que, minuto a minuto, cientos de consumidores se descarguen esta utilidad
y que, por ende, sea complicado hablar de cifras. Sin embargo, según datos del portal
web Mashable, alrededor de 80 millones de pobladores del mundo ya la tienen en
sus celulares y el número de “fanáticos” crece a un ritmo de 5 millones por
semana; ese dígito, a su vez, equivale a la cantidad de unidades que se suben
cada día a la plataforma.
¿Quiénes
las colocan? Desde profesionales del lente hasta amas de casa, pasando por
celebridades, periodistas, promotores de marcas y cualquiera con cierta
inclinación por retratar lo extraordinario de la cotidianidad (entre otras
cosas) o con ganas de participar.
Los
venezolanos, claro está, no se quedan atrás y gracias a la popularización de
los dispositivos que admiten Instagram, muchos se han sumado a esta red social
en la que, como en otras, comparten sus materiales y, en paralelo, ven y opinan
sobre lo que postean sus camaradas.
“Nosotros
tenemos más de 133 mil fotografías ‘taggeadas’ y unos 6.900 seguidores; no
necesariamente todos son de aquí pero sí la mayoría y eso refleja, en cierta
medida, del número de individuos que la está usando. El otro método para
saberlo sería contabilizando los dueños de iPhones y de Androids”, señala Consuelo
Di Carlo, fundadora de la comunidad Instagramers Venezuela con sede en http://instagramersvenezuela.com/,
en Twitter, Facebook y Tumblr.
Juntos como hermanos
Fácilmente identificables a través de la etiqueta virtual #igersvenezuela, los ejes de encuentro
instituidos por Di Carlo son una adaptación local del invento del
franco-español Philippe González, quien instauró el blog
Instagramers en Barcelona-España, para dar tips sobre el uso de la aplicación, y
terminó coordinando un movimiento global. ¿Por qué? Porque la gente, además de
aprender, deseaba intercambiar postales de sus sitios de residencia y, como
González implantó la etiqueta y las cuentas IgersBCN, los moradores de Ibiza,
París, Londres o Berlín también introdujeron las suyas. A estas alturas, 300
urbes en más de 60 naciones tienen su
hashtag y, de ellas, siete son de Venezuela.
“Yo
me topé con Philippe el año pasado, le pregunté si era posible registrarnos y
me dijo que sí. El 16 de junio de 2011 subí una panorámica de Caracas, vista
desde el teleférico, y así se empezó a correr la bola de nieve, porque las
personas notaron que podían pertenecer a un grupo en el cual la idea es renovar
el vínculo emocional que tenemos con el país”, indica la lideresa criolla.
Plurales y buena
nota
Estampas
de paisajes, sujetos, alimentos, plantas, animales o situaciones curiosas, conmovedoras
o graciosas de distintas regiones, son marcadas con #IgersVenezuela y es tarea
de Consuelo verificar que, en efecto, sean vistas de estas tierras y
seleccionar alguna como “la foto del día”. “Es una manera de premiar al usuario que se esfuerza por hacer una
buena composición y que transmite esos valores positivos que queremos
destacar”, explica.
En
paralelo, a eso de las 8.30 a.m. de lunes a domingo, ella debe escoger una
reproducción acorde con el rótulo el
#buenosdíasvenezuela, como amaneceres, gallos cantando, etc., y a lo largo de
la semana anuncia otras pautas propias y planetarias, como la #dosiguales que
propone el mismo Instagram, para un período de tiempo y
en el que se deben retratar dos entes, de cualquier clase, idénticos.
“Y
fuera de la www impulsamos eventos como Instameets, en los que se escoge una fecha
y cada equipo, de cada ciudad y en su huso horario, se congrega para que sus
miembros se conozcan, en vivo, y para conversar acerca de fotografía móvil.
Hemos hecho también Instawalk, para caminar y cazar imágenes, un rally de
iPhoneografía y la primera expo
iPhoneográfica de Venezuela”, enuncia la publicista.
Ni tan calvo…
Si
bien Consuelo Di Carlo ha determinado que una porción importante de quienes
utilizan el servicio, por estos lares, están conectados con las carreras
creativas, otros tantos son aficionados; eso ha suscitado críticas aquí y en otras latitudes.
Una
de las posturas más airadas es la del virtuoso Nick Stern, quien estimó, en
CNN.com, que demasiados amateurs “se creen” especialistas por usar un aparato
que “no tiene años educándose, concibiendo escenas, esperando que la luz caiga
en el punto exacto o ensayando lentes y ángulos”. O sea, ni pensar que un
graduado pueda recurrir a este artificio.
No
obstante, según Iván González, jefe de fotografía de la Cadena Capriles, “todos
tenemos derecho a registrar lo que nos ocurre y, para eso, no necesitas una
gran herramienta. Aunque hay un tema de ojo, el ‘pónganse ahí un momentico’, de
la mamá con los niños en la playa, es tan valioso como otros acontecimientos
porque es algo que no se va a repetir, como decía Roland Barthes: ‘Lo que ha
sido’, y por eso me encanta que haya miles de personas en la calle haciendo
fotos”.
González
apunta que, más allá de lo antepuesto, queda de lado del receptor decidir si
coincide con esa visión que le están dando y “sigue” a quien la proporciona o
simplemente no le da follow y hasta
allí llega el asunto.
“De
hecho, yo no etiqueto mis imágenes, pues no me interesa si se masifican o no;
que las vean quienes están cerca de mí”, agrega a lo anterior el reportero
gráfico Gil Montaño y aprovecha para comentar: “Es que, a diferencia de mi
labor informativa habitual, aquí puedo ser como más poético o sentimental y,
básicamente, mi vida está en el teléfono: lo que veo cuando voy a trabajar, a
la playa, a patinar o lo que sea, lo capturo con Hipstamatic y lo comparto en
Instagram”.
Masivo
El eje del
planteamiento de Montaño coincide con el de González, sin embargo, tanto para
el segundo como para un tercer invitado, el director de la agencia La Cápsula,
Eleazar Briceño, sí es relevante darle “viralidad” a las piezas.
“Yo busco lo
que hay en rinconcitos que nadie advierte y mucha arquitectura, detalles de la
ciudad, la geometría, la unión de colores, texturas. Una de esas apuestas fue
difundida por los administradores de Instagram en su blog y, poco después, me
contactaron para decirme que me iban a ubicar en su lista de ‘recomendados”,
revela Briceño, quien pasó de tener 4 mil amigos a 43 mil en menos de tres
meses. “Eso me llena de satisfacción porque, por supuesto
hay quienes te dan follow porque los
demás lo hacen, pero hay otros a los que sí les atrae la parte artística”, afirma.
Las ventajas de que eso suceda, subrayó el
apodado @el_caps, es que ha obtenido un cambalache inmediato de experiencias. “Me
he relacionado con colegas de Canadá que quieren hacer proyectos juntos cuando
vaya para allá”, especificó e Iván anexó: “Es que se genera un entendimiento
sin necesidad de hablar el mismo idioma”.
Debido a la sensibilidad de este tema y por respeto a todos nuestros usuarios decidimos suprimir el módulo de comentarios. Agradecemos su comprensión.