Hay que dar más afecto, tener más empatía y, sobre todo, modelar mejores ejemplos
Movilizados por la horrenda tragedia ocurrida a mediados del mes pasado en
la población de Aurora, Colorado (Estados Unidos), comencé a recibir cantidad
de correos de lectores que reportaban su preocupación por la falta de medidas
preventivas que hay en muchos países; pero sobre todo, en el nuestro.
Algunos mencionaban la criminalidad como su primer motivo de angustia,
mientras que otros iban más allá, señalando la indiferencia con la cual muchos
padres y maestros reciben información acerca de las “travesuras” que niños y
adolescentes cometen a diario con sus semejantes, sin el control de una voz de
autoridad o un consejo oportuno.
La cómoda frase: “Son cosas de muchachos”, es la que permite a quienes no
saben cómo intervenir a tiempo con sus hijos o educandos, seguir mirando hacia
otro lado, mientras a las pobres víctimas se les atropella, como si no fueran
seres vivos merecedores de respeto y consideración.
Claro está que, cuando las cosas se salen de cauce, son los primeros en
clamar al cielo por más medidas represivas o por el regreso a la educación del
rejo y la palmeta. Pero, ¿será esa la solución al problema de la falta de valores
humanos en nuestra sociedad?, ¿Podemos echarle la culpa solamente a la inmadurez
de niños y adolescentes, apuntar el dedo a los medios de comunicación y
acostarnos a dormir, como si tuviéramos en paz la conciencia del deber
cumplido?
La prevención a tiempo es la vía más expedita para evitarnos calamidades
como las que me han referido los consternados lectores. Solo que ella requiere
de más atención y trabajo cotidiano, que el simplismo de los internados, las
cárceles o las exclamaciones del
horror.
Hay que dar más afecto, tener más empatía y, sobre todo, modelar mejores
ejemplos para que los menores tengan “espectáculos” más saludables en la casa y
en la escuela de los que encuentra en las pantallas del cine o la televisión.
Se
necesitan adultos pendientes y empeñados en hacer bien su labor, pero tal vez eso
sea mucho pedir.
DIVAN.
Una madre
pregunta sobre la falta de padre y el rol sexual de sus hijos. Su esposo murió
en un atentado criminal y ella quedó con tres varones pequeños. Teme que no sea
capaz de hacer una nueva pareja y ellos queden sin figura masculina de
identificación.
Sin duda,
muy doloroso lo que te ha ocurrido. Mi solidaridad para ti. Con respecto a tu
preocupación por la identidad de tus hijos, no debería haber problema si los
crías con el recuerdo positivo de su padre y con un afecto que les permita ser
libres y sanos. Ellos tendrán una imagen sólida, que no solo les acompañará
como un respaldo emocional, sino también lo que tu esposo siga representando
para ti, será un reflejo identificatorio para ellos. Trátalos bien, poniendo
los límites a que haya lugar y mantén tu esperanza de poder hacer una nueva
pareja cuando cese el duelo. Todo saldrá bien para todos.
Saludos.
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