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sábado, 18 de mayo de 2013

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El otro kamasutra

Normalmente evito escribir sobre lo que la gente llama “social media” porque me parece ridículo. Yo no tengo habilidades sociales ni en Internet ni en el mundo real.

Por: Gabriel Torrelles

 


El otro kamasutra
Foto:Archivo

No me gusta conversar con gente y muchísimo menos si me pagan por hacerlo a nombre de una marca de refresco.

Hace unos días mi editora me escribió para decirme que mi columna no le gustaba mucho a la gente y me pidió muy amablemente que por favor escribiera sobre temas un poco menos intensos. Yo soy un obrero del lenguaje, así que estas cosas no me ofenden. Si la gente quiere perros calientes, les daré perros calientes. En este caso, les daré algo que aprendí hace unas semanas en un viaje que hice a Madrid y que me pareció tan genial como para compartirlo.

La anécdota se la escuché a Gaby Castellanos, una tipa que sí sabe de esto, que es un poco de sentido común con periféricos y wi-fi. Gaby contó que las redes sociales son como el sexo y que para entender cómo se usan hay que tener en la cabeza una suerte de kamasutra. Lo primero que dijo fue que la mayoría de las marcas usa las redes sociales con la posición del misionero: con la misma formulita, sin sorpresas, con bostezos. Que esto casi siempre conlleva a que nosotros (los consumidores) terminemos siendo infieles como respuesta a tanto aburrimiento. Es así cómo saltamos de una marca de refresco a otra, de una hamburguesa a otra, de un ron a otro. Luego puso como ejemplo otro tipo de marcas. Las que ponen a sus consumidores en cuatro patas. Así mismo lo dijo. Y tenía sentido. Marcas ególatras que sólo te dan por detrás sin siquiera verte a la cara, que te usan de tal manera que uno se siente violado después de haberle dado click a todas sus promociones sin que realmente hayamos ganado algo más que hacer a la marca de refresco más grande y a nosotros más patéticos. En tercer lugar habló de las marcas que se relacionan con uno como haciendo el 69. Ajá. Y no te creas, dijo que en teoría esto estaba bien, que lo que no estaba bien era que en algún momento de la interacción puedes estar sintiendo tanto placer (la marca o el consumidor) como para distraerte y dejar de hacer las cosas bien. Entonces terminó con la que según ella es la mejor posición de este kamasutra. La de la marca tumbada boca arriba dejando que los consumidores se le monten encima y hagan con ella lo que quieran. Es el consumidor el que decide cuánto placer quiere y cómo obtenerlo y el que al final la pasa tan, pero tan bién, que termina enamorado apasionadamente de la marca.

Ya está. La escuché hablando de esto y me pareció que era algo que me gustaría compartir con mis amigos. Como no tengo muchos amigos reales (casi todos son imaginarios) se me ocurrió que podía venir y ponerlo aquí para que tuvieras algo menos intenso que leer. Y bueno, esto es lo que está de moda. Ya ves. De alguna forma estoy poniendo en práctica lo del kamasutra y eso. A lo mejor así consigo amigos de verdad. O que me contrate una marca de refresco, que no lo es lo mismo.



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Gabriel Torrelles

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Escritor. Autor de una novela. Hace radio. Escribe unacolumna para Dominical que siempre entrega tarde. Cree ser un robot. No lo es.




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