Normalmente evito escribir sobre lo que la gente llama “social media” porque me parece ridículo. Yo no tengo habilidades sociales ni en Internet ni en el mundo real.
No me gusta conversar con
gente y muchísimo menos si me pagan por hacerlo a nombre de una marca de
refresco.
Hace unos días mi editora me
escribió para decirme que mi columna no le gustaba mucho a la gente y me pidió
muy amablemente que por favor escribiera sobre temas un poco menos intensos. Yo
soy un obrero del lenguaje, así que estas cosas no me ofenden. Si la gente
quiere perros calientes, les daré perros calientes. En este caso, les daré algo
que aprendí hace unas semanas en un viaje que hice a Madrid y que me pareció
tan genial como para compartirlo.
La anécdota se la escuché a
Gaby Castellanos, una tipa que sí sabe de esto, que es un poco de sentido común
con periféricos y wi-fi. Gaby contó que las redes sociales son como el sexo y
que para entender cómo se usan hay que tener en la cabeza una suerte de
kamasutra. Lo primero que dijo fue que la mayoría de las marcas usa las redes
sociales con la posición del misionero: con la misma formulita, sin sorpresas,
con bostezos. Que esto casi siempre conlleva a que nosotros (los consumidores)
terminemos siendo infieles como respuesta a tanto aburrimiento. Es así cómo
saltamos de una marca de refresco a otra, de una hamburguesa a otra, de un ron
a otro. Luego puso como ejemplo otro tipo de marcas. Las que ponen a sus
consumidores en cuatro patas. Así mismo lo dijo. Y tenía sentido. Marcas
ególatras que sólo te dan por detrás sin siquiera verte a la cara, que te usan
de tal manera que uno se siente violado después de haberle dado click a todas
sus promociones sin que realmente hayamos ganado algo más que hacer a la marca
de refresco más grande y a nosotros más patéticos. En tercer lugar habló de las
marcas que se relacionan con uno como haciendo el 69. Ajá. Y no te creas, dijo
que en teoría esto estaba bien, que lo que no estaba bien era que en algún
momento de la interacción puedes estar sintiendo tanto placer (la marca o el
consumidor) como para distraerte y dejar de hacer las cosas bien. Entonces
terminó con la que según ella es la mejor posición de este kamasutra. La de la
marca tumbada boca arriba dejando que los consumidores se le monten encima y
hagan con ella lo que quieran. Es el consumidor el que decide cuánto placer
quiere y cómo obtenerlo y el que al final la pasa tan, pero tan bién, que
termina enamorado apasionadamente de la marca.
Ya está. La escuché hablando
de esto y me pareció que era algo que me gustaría compartir con mis amigos.
Como no tengo muchos amigos reales (casi todos son imaginarios) se me ocurrió
que podía venir y ponerlo aquí para que tuvieras algo menos intenso que leer. Y
bueno, esto es lo que está de moda. Ya ves. De alguna forma estoy poniendo en
práctica lo del kamasutra y eso. A lo mejor así consigo amigos de verdad. O que
me contrate una marca de refresco, que no lo es lo mismo.
Debido a la sensibilidad de este tema y por respeto a todos nuestros usuarios decidimos suprimir el módulo de comentarios. Agradecemos su comprensión.