Las variaciones estacionales y los cambios del tiempo inciden en el organismo, causando desde enfermedades de la piel y gastroenteritis hasta problemas articulares y vasculares, cefaleas, insomnio, asma y náuseas
Nuestro
bienestar depende en buena medida de las previsiones meteorológicas. El calor
causa fatiga y bajo tono vital, provoca deshidratación, aumenta la frecuencia
de las enfermedades de la piel y de las gastroenteritis infecciosas, a la vez
que puede empeorar las várices e insuficiencias venosas. El exceso de la
humedad, por su parte, afecta las
cicatrices y las articulaciones; en cambio, el clima seco aumenta la pérdida de
agua, secando la piel y las mucosas, lo que genera prurito y sensación de
escozor.
La
temperatura es el factor meteorológico al que somos más sensibles: el calor
causa una sensación de fatiga y bajo tono vital, aumenta la sudoración causando
la pérdida de agua y sales minerales, y si no se repone el líquido, causa deshidratación,
a la cual son más propensos los niños y los ancianos. “Con el calor aumenta la
frecuencia de las enfermedades de la piel y las gastroenteritis infecciosas por
la proliferación de gérmenes”, indica el médico internista Raimundo Echeverría.
En
general, el organismo humano soporta mejor el frío que el calor intenso, pero
el primero también afecta: empeora los problemas circulatorios y si el descenso
de temperatura es violento, puede causar espasmos de los vasos sanguíneos o vaso
espasmos, con una mayor incidencia de fenómenos vasomotores, como el síndrome
de Raynaud.
Un
exceso de la humedad ambiental afecta a las cicatrices y a las articulaciones,
ya que es captada por las fibras de estos tejidos, aumentando su tamaño y
causando dolor. “Las personas que han sido intervenidas quirúrgicamente o
padecen problemas reumáticos o alguna fractura, son más sensibles a la humedad -señala
el especialista consultado-. En cambio, el clima seco aumenta la pérdida de
agua secando la piel y las mucosas, y causando prurito y sensación de escozor.
Y si la persona no tiene una buena reserva líquida, aumenta la incidencia de
los cólicos nefríticos, al reducirse la diuresis”.
Los
cambios rápidos de la presión atmosférica, como sucede en los ascensos o
descensos bruscos, causan pequeños trastornos de oído, con sensaciones de
taponamiento e incluso de dolor, un problema al que son especialmente sensibles
los más pequeños y las personas que están padeciendo un catarro o un resfrío.
VIENTOS DE PESADILLA
Las
áreas geográficas más afectadas por las meteoropatías son las grandes llanuras
y los valles montañosos, así como las que barren con más regularidad y fuerza
los denominados “vientos de las brujas”. Entre los vientos más desestabilizados
figura la tramontana, el cual sopla durante días irritando incluso a las
personas más tranquilas. El viento, aseguran los expertos, también incide en el
ánimo, lo que ocasiona sensación de placidez o, en el caso adverso, irritabilidad
y agresividad.
Aunque
las variaciones meteorológicas no afectan a todas las personas del mismo modo
ni con la misma intensidad. Puede afirmarse que un tercio de la población es
muy sensible, otro tercio es inmune y al resto sólo lo afecta los grandes
cambios. Las mujeres son más sensibles a las meteoropatías que los hombres, en
una proporción de dos a uno, aunque se ignora la causa de este fenómeno. Lo que
sí se sabe es que a los fumadores los afectan los cambios meteorológicos con
más facilidad, debido a que la nicotina tiene efectos negativos en la serotonina,
neurotransmisor ligado con las emociones y el estado de ánimo.
El paraguas y la salud
Para
contrarrestar las meteoropatías, los expertos aconsejan consultar siempre las
previsiones meteorológicas para saber no sólo si hace falta llevar paraguas, sino
también a qué atenerse en cuanto a la influencia del tiempo en nuestro
bienestar, además de mantener una correcta hidratación y una buena reserva de
sales minerales en el organismo. Tampoco conviene abusar de la calefacción y el
aire acondicionado.
Las
variaciones estacionales también afectan nuestra fisiología y conducta,
produciendo desde la caída de cabello, hasta cambios en el peso, el nivel de
alerta y la función sexual. Los problemas respiratorios y las alergias, así
como las depresiones y los brotes ulcerosos, en tiempos de flora, se consideran
patologías estacionales.
La
luz también influye en la conducta, produciendo trastornos depresivos relacionados
con la falta de luminosidad, característica de ciertas épocas del año. Estos
cuadros remiten al exponer al afectado a fuentes luminosas durante algunas
horas al día, para estimularlo.
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