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#MeToo, Karla Souza y el peligro de la generalización

Hace una semana le tocó a Latinoamérica escuchar la denuncia de una actriz latina sobre el debate que ha expuesto los abusos y acosos de índole sexual dentro de la industria del cine. Karla Souza, exitosa actriz mexicana que ha hecho su carrera entre el país azteca y Estados Unidos denunció haber sido víctima de una violación al comienzo de su carrera. Esta denuncia la hizo en el programa de Carmen Aristegui, conocida por su objetividad y seriedad periodística.

Sus declaraciones se tornaron polémicas por las acciones que desencadenaron.

En primer lugar, aunque Souza no dijo el nombre del supuesto abusador, la empresa Televisa mediante un comunicado rompió relaciones con el director Gustavo Loza, quien ha trabajado con Souza en muchas ocasiones, siendo la última en el año 2016 cuando hicieron juntos la película “¿Qué culpa tiene el niño?” dirigida por Loza y protagonizada por Karla Souza.

Ante el comunicado de Televisa, Loza rechazó en diversos canales de televisión y programas, incluido el de la periodista Carmen Aristegui, las acusaciones de Televisa y contó pormenores de su relación con la actriz en el plano personal, increpándola públicamente a que revele el nombre del abusador o al menos limpie su reputación con respecto a su denuncia.

En segundo, declaraciones de la actriz en años anteriores también avivaron la discusión que se ha dado en diversos medios y en las redes sociales. En entrevistas años atrás, la actriz confesó que usó la atracción que despertaba en algunos productores para beneficiarse profesionalmente.

Además, en la entrevista que dio en el programa de Aristegui, hizo uso de algunas expresiones que pueden resultar confusas, si quieren saber a que me refiero, les recomiendo ver la entrevista.

Sin embargo, más allá de la veracidad de su denuncia (que nadie puede verificar por obvias razones y de la que particularmente no dudo, pues no creo que Karla Souza este mintiendo con respecto a que fue victima de una agresión sexual) este nuevo caso ha puesto de manifiesto lo cuestionable que pueden llegar a ser algunas acusaciones que por estos días se han venido materializando.

Y espero que esto no se interprete mal, pues aunque es cierto que el acoso sexual existe (y no solamente en el cine) tampoco se puede acabar con la carrera de alguien sin pruebas o simplemente destrozar su reputación por acusaciones imprecisas.

Hace unas semanas, el novelista Javier Marías escribió en su columna de El País Semanal, un texto llamado “Ojo con la Barra Libre” donde expresa lo siguiente sobre este tema: “dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las calumnias y los ajustes de cuentas”

Y más adelante: “ahora el movimiento MeToo y otros han establecido dos pseudoverdades: a) que las mujeres son siempre víctimas; b) que las mujeres nunca mienten. En función de la segunda, cualquier varón acusado es considerado automáticamente culpable. Esta es la mayor perversión imaginable de la justicia, la que llevaron a cabo la Inquisición y los totalitarismos, el franquismo y el nazismo y el stalinismo y el maoísmo y tantos otros” recalcó.

Considero que Marías tiene razón. Destruir la carrera de una persona sin investigar, sin pruebas que sustenten los señalamientos que se le imputan puede ser el comienzo de una nueva forma de caza de brujas.

Además, es bien sabido que algunas personas (hombres y mujeres) intercambian beneficios: cama por protagónico o cargo, coqueteo por influencias, lo hacen en el mundo del cine al igual que en otros ámbitos.

Las denuncias siempre deben materializarse, pero es necesario que sean precisas y se debe estar dispuesto a contar la verdad y buscar avales que la respalden.

Luisa Ugueto

@luisaugueto

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