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Terror de alto nivel

La cartelera venezolana se nutre con el estreno de “Un lugar en silencio”, un thriller espeluznante al estilo del mejor cine de género.

 Una película que rompe con todos los estereotipos del género es Un lugar en silencio (A Quiet Place), que llega a la cartelera venezolana precedida de las más elogiosas críticas, al extremo de que ya muchos la señalan como la gran cinta de terror de 2018. Nada más y nada menos.

Es que este filme, que en su debut en los Estados Unidos el pasado fin de semana encabezó la taquilla con una recaudación de más de 50 millones de dólares, colocándose como el segundo mejor estreno del año, se une a la gama del buen cine del género que ha ido remontando en los últimos años con títulos como The Babadook (2014), Te sigue (It Follows, 2014), La bruja (The Witch, 2015), No respires (Don’t Breathe, 2016) y Viene de noche (It Comes at Night, 2017), todos thrillers creativos y espeluznantes que se nutren de miedos elementales.

La historia de Un lugar en silencio transcurre en un mundo que ha sido devastado por criaturas monstruosas que atacan brutalmente todo lo que oyen. La escena inicial establece de manera silente y efectiva cuán definitivos son estos ataques, y cuán fina es la línea entre estar vivo y hacer un poco de ruido.

Como es obvio, la cinta cuenta con poquísimo diálogo y una banda sonora poblada mayormente de ruidos incidentales. El resultado no es exactamente una película muda, pero se apoya en el poder de sus imágenes, creatividad visual y lenguaje corporal para contar una historia sencilla de manera atrapante.

En medio de este silencioso apocalipsis, se encuentra una familia que se las ha ingeniado para sobrevivir en el campo día tras día, sin producir sonido alguno. Se comunican con señas. Curan comida bajo tierra. Trazan senderos de arena para caminar. Se pueden esconder tras fuentes de sonido naturales, como agua corriendo, o provocar estruendos a modo de distracción. Las criaturas en sí poseen un diseño bastante original, pues han sido creadas en base a sus ventajas y desventajas, en vez de lo que se ve siniestro o impactante, aunque resulta paradójico que un ser vivo que caza guiándose por el más mínimo ruido produzca en sí tanta bulla.

Dirige John Krasinski sobre su propio guión, quien además interpreta al patriarca de la familia, cuya esposa (en la ficción y en la vida real) es Emily Blunt.

Tras algunas incursiones en la dirección no demasiado brillantes, Krasinski se consagra en su triple rol de realizador, guionista y coprotagonista con este notable exponente del cine de géneros (ciencia ficción apocalíptica, thriller psicológico, terror y drama familiar), que en apenas 85 minutos regala tensión, sustos e intensidad emocional. El uso abusivo y subrayado de la música en la segunda mitad hiere, pero no alcanza a matar a una película que, en su esencia, es decididamente audaz para los actuales cánones de Hollywood.

John Krasinski hace uso de un ingenio espeluznante para desarrollar una historia más bien sorpresiva, donde el terror se transforma, no solo en expresión del amor, sino también en solidaridad y en sacrificio personal para favorecer al otro en aras de la sobrevivencia.

Su planteamiento se robustece con la excelente actuación de Emily Blunt, determinante en esta rara y paradójica historia, donde se mezcla el horror de vivir con el amor por hacerlo, lo que genera finas secuencias de melodrama (el nacimiento de un bebé, por ejemplo).

Esta es una película minimalista, porque reduce el envoltorio visual para adentrarse en los conceptos de la trama, allí donde se confronta la conducta humana ante el peligro. Sin duda, se trata de un filme para recomendar, aún a quienes no gusten del terror.

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Aquilino José Mata

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