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Deslumbrante historia de perros animados

Cuatro años después de El gran hotel Budapest, su película más exitosa hasta la fecha, el director, guionista, actor y productor estadounidense Wes Anderson inauguró por segunda vez el Festival de Berlín, ahora en su edición más reciente, con su nueva película, Isla de Perros, que acabó alzándose con el premio a la mejor dirección.

En este filme Anderson regresa a la animación stop-motion, como ya hizo con la estupenda Fantástico Sr. Fox (2009). En esta ocasión se sitúa en Japón, en la ficticia ciudad de Megasaki, donde el gobierno, debido a una epidemia de gripe canina, decide enviar a todos los perros a Trash Island, un vertedero de basura. Allí tratan de sobrevivir como pueden en condiciones muy precarias. La llegada de un niño de 12 años al lugar, en busca de su mascota, alterará el futuro del grupo de canes protagonistas.

El realizador hace un uso inteligente del lenguaje y propone un divertido juego con el espectador. Los ladridos de los perros son en inglés, y los humanos hablan en japonés, pero hay un personaje que hace una traducción simultánea también al inglés. El reparto de voces está repleto de nombres conocidos, como Bryan Cranston, Edward Norton, Frances McDormand, Greta Gerwig, Bill Murray, Tilda Swinton, Ken Watanabe, Scarlett Johansson y Yoko Ono, entre otros muchos, algunos de ellos habituales en el cine de su director. Como lo son también Roman Coppola, Jason Schwartzman y Kunichi Nomura, coescritores del guión, junto con el propio Anderson.

Mensaje político

Isla de perros es un episodio más en una filmografía coherente, creadora de un universo absolutamente particular e influyente. Sin embargo, Wes Anderson también se nutre del estilo de otros autores, y no tiene ninguna intención de ocultarlo. De hecho, su nuevo trabajo se entiende como una carta de amor al cine japonés, y más concretamente a Akira Kurosawa y Hayao Miyazaki, dos cineastas que siempre lo han fascinado, sin perder un ápice de personalidad propia. Su sello permanece inconfundible en cada mínimo detalle, en cada composición, en sus habituales planos.

El tono cómico de la película no evita que se traten temas profundos, ya que hay implícito un fuerte mensaje político. Lo que la hace grande es que siempre aporta mucho más de lo que a simple vista pueda parecer. No es la típica cinta infantil protagonizada por animales animados, pero tampoco está dirigida en exclusiva a una audiencia adulta. Hay un punto intermedio que la hará accesible a ambas partes, ya que sabe ofrecer lo necesario para satisfacerlas.

Visualmente es un prodigio, no solo porque hay un dominio total de la técnica del stop-motion, sino también porque logra una expresividad rara vez alcanzada en el cine de animación. La paleta de colores es otro de los grandes aciertos, junto a la excelente banda sonora de Alexandre Desplat.

Isla de perros se corona como uno de los trabajos más inspirados, divertidos y completos de Wes Anderson, pues rebosa gracia y sensibilidad por donde se le mire. Ojalá podamos verla pronto en Venezuela.

Aquilino José Mata

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