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La forma del agua

En octubre del año pasado, Guillermo del Toro afirmó en una entrevista publicada en “El País” lo siguiente sobre su película “La forma del agua”: “vivimos en un mundo raro, donde odio y cinismo se consideran discursos inteligentes y si hablas de sentimientos suenas como un idiota. La emoción es el antídoto, es el nuevo punk. Por eso quería una película enamorada del amor y del cine” recalcó. Y si, esta cinta conmueve por estar centrada en la exposición de sentimientos y emociones más allá de los efectos especiales, maquillaje, escenografía y otros elementos que permiten contar con verosimilitud una historia un tanto peculiar.

Si tengo que definir con pocas palabras “La forma del agua” diría que es precisamente eso: una película sobre emociones humanas primarias y sobre todo puras, lejos de los prejuicios sociales.

Vivimos una época en que la segregación al diferente es una constante, donde el “raro” es siempre dejado de lado, ignorado, pisoteado  y no hablo nada más del trato a las minorías: latinos, negros, homosexuales, hablo de aquellos que no comparten estilo de vida con las personas de su círculo más cercano. Esa gente que resulta para los otros fenómenos de circo, freaks, personas a las que no pueden etiquetar y que por ende se convierten en sospechosas.

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“La forma del agua” es, entre otras cosas,  una película sobre el aislamiento, la soledad y la falta de comunicación en la que viven este tipo de personas, aquellos que no encuentran un reflejo en las mayorías.

En esta cinta de Guillermo del Toro (“El espinazo del diablo”, “El Laberinto del Fauno”) nominada al Óscar 2018, el hombre anfibio (Doug Jones) viene siendo un poco ese ser distinto que resulta sospechoso y al que la sociedad pretende repeler por el simple hecho de no parecerse al resto. Claro que en la película, Elisa (Sally Hawkins) también podría definirse así, es una persona que está fuera del sistema debido a su condición y a su forma de relacionarse con el entorno.

La cinta dispara directo al corazón y sin balas de salva, lo hace sin medirse, exponiendo   como el afecto es una emoción humana  que puede estar dirigido hacia cualquier ser. Esto parece obvio, pero no lo es tanto en un mundo como el nuestro donde aún existen las criticas por amar a un animal del mismo modo en que se ama a una persona o se censura el afecto entre gente del mismo sexo. En la película, se cuenta la historia de  amor que vive una mujer muda con un  “monstruo” que no tiene nada de monstruoso, por el contrario termina siendo un hombre libre.

El filme, a diferencia de otras películas de Guillermo del Toro, es luminoso, está cargado de buena energía, a pesar de resultar conmovedor.

Más allá de todas sus cualidades, lo que más me gustó de “La forma del agua” es la variedad de géneros que posee, llega a ser un musical, una cinta de terror, un thriller de suspenso y una película de acción. Resulta extremadamente entretenida sin dejar de ser bella.

No dejen de verla, estoy segura de que va a ganar este año el Óscar como mejor película, le sobran razones para obtener el galardón.

Actúan también: Michael Shannon, Richard Jenkins y Octavia Spencer.

Luisa Ugueto

@luisauguetol

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