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martes, 23 de septiembre de 2014

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Actualidad | Televisión

60 años de la tele venezolana

Son muchos los que han dejado su huella en el medio y he aquí una muestra de esos personajes, cuyas anécdotas hacen parte de la historia de la TV en Venezuela

Por: Valentina Ruiz Leotaud vruiz@cadena-capriles.com

 


60 años de la tele venezolana
Leyendas de nuestra pantalla (Créditos: Weil)

La actriz rompedora

Marina Baura

Nombre real: Julia Pérez

TV-Marina-Baura

Nació en mute

            Aunque nunca se acuerda con exactitud, sus comienzos se dieron entre 1962 y 1963. Mientras cursaba talleres con Paul Antillano, logró hacer de extra en El casino de la alegría, danzó en El show de Renny, fue modelo de un comercial donde destacaba el “color de oro” de la Cerveza Caracas y, finalmente, se asomó en la comedia de situación Casos y cosas de casa. “Ahí lo que dije fue: ‘Hola, ¿cómo estás?”, suelta ella a carcajadas.

 La evaluaron

            “Tuve que aprobar una serie de exámenes, a nivel del Sindicato de Radio y Televisión; eran preguntas, después ‘improvísame’, después ‘invéntame algo’, después ‘léeme esto’ y eso era para darme un carnet de ‘hacer papelitos’. Sin embargo, no recuerdo ninguna novatada. Yo siempre fui muy seria, ¡jajaja!”.

 En subida

            Su licencia laboral no varió cuando pasó a ser la hermana de la protagonista, en Madres solteras, pero sí su estatus y pronto empezó su ascenso a la cima con Lucecita, de Delia Fiallo. “Si los directores ven que tú rindes y que cumples con ciertas condiciones, te dan un papelito más grande y punto”.

Non-stop

            Lo que siguió entre 1969 y 1983, con La señorita Elena, Rosario o La usurpadora, es una historia conocida, en la que llegó a ser la estrella de hasta tres dramáticos por año. “Era tanto, que no tuve cambios; yo tuve que hacerme un personaje y estudiármelo mentalmente, sentirlo en mi organismo para poder hacerlo diferente”.

 Cabrujas la desafió

            “A nivel de realización, para mí, Doña Bárbara fue lo máximo, pues me transformé de la damita joven a la señora, lo que alcanzó su cénit con Natalia de 8 a 9. Yo era flaquita y todavía no sé si estaba en tipo, porque ya la habían interpretado Adilia Castillo y María Félix. Ése fue un reto mayúsculo, si bien José Ignacio dibujó a una Doña Bárbara bella, preciosa, de esa época”.

 “La cacica” fue pionera

El texto de Rómulo Gallegos trasladado a la TV constituyó, a la par, otro debut para Marina Baura pues abandonó los tonos grises. “Sé que fue la primera novela que se hizo a color con una unidad móvil de Gilberto Correa, lo que no estoy segura es si se transmitió así, porque no había demasiados aparatos en los hogares”, tantea ella en su memoria, ligando ese asunto con la posterior prohibición de las emisiones policromas que hizo el gobierno de Carlos Andrés Pérez. “Lo que sí creo –añade- es que sería maravilloso que se reeditaran esos clásicos. Es más, Venezolana de Televisión que antes hacía bastantes cosas, ¿por qué no los puede hacer? Hacen falta y no sólo Páez y Bolívar, nosotros tenemos a un Arturo Uslar Pietri que no se ha llevado a la pantalla”.

Notó su impacto

“Cuando nació mi primera hija, gente que yo ni conocía me regalaba ramos de flores y estaban desde mi habitación ¡hasta la puerta de la entrada de la clínica!”.

Fue y es

“Soy un recuerdo que está ahí, porque han transcurrido tantos años y uno quedó grabado. Luego te vas de este plano y seguirán evocándote, como lo hacen con Doris Wells y con otros actores y actrices”.

 La TV para ella

“Significó trabajo, hacerme una plataforma económica, hacer amigos que estuvieron en mi vida y que aún están. Mis hijas vieron la luz en la televisión: Marifé nació por Radio Caracas, Lolymar por Venevisión y Mónica es la única que nació fuera, pero prácticamente dentro”.

Su frase: “Mi vida le perteneció a la televisión y con gusto se la entregué. La televisión me ha dado mucho, no me ha quitado nada”.

TV-Lázaro-Candal


El Papaíto del deporte

Lázaro Candal

Nombre real: Antonio Lázaro Candal

De las canchas a los medios

Tras una breve aventura por Costa Rica, La Salle lo fichó para que viniera no a contar goles sino a hacerlos. Sin embargo, alrededor de 1959 cuando “los años acusaban”, pasó a hacer Periodismo Deportivo en la Cadena Capriles y, en adelante, se dedicó a relatar y analizar las mejores y peores hazañas de otros sobre el engramado. “En  1970, un fenómeno de productor, el señor Quiroga, me metió en la televisión del Estado y ahí estuve un año. Me fui a la radio y estuve en Continente, Ondas Populares, Radio Impacto y, ¡qué sé yo! Fue ya en el año 1974, con el Mundial de Alemania, que Venevisión me hizo un casting y yo, con mi tremendo acento gallego, ¡triunfé sobre varias personas!”.

Con ojo de águila

“Al principio tuve que hacer cambios porque la radio es muy mentirosa y, por ejemplo, si atacaba Venezuela, yo decía: ‘¡Ay! ¡Peligro!’, para levantar el ánimo y si atacaba el contrario no lo señalaba, eran mentiras generosas. Ahora, en la TV no podía, porque lo que tú estás mirando es lo mismo que tiene ante sus ojos el televidente y me tocaba meterme intensivamente y fijarme en los detalles más mínimos. Para mí, el partido comenzaba tres horas antes, porque examinaba las alineaciones, cómo eran los jugadores, si cojeaban, si eran feos o si tenían piernas bonitas, para poder revelarles eso a los receptores”.

Otros métodos

“Antes no te daban ni las alineaciones y, si había alguna sustitución, tenías que descifrar qué jugador era. Hoy, el narrador tiene ventajas enormes pues cuenta con un cúmulo de información gratis y, si tienes un ordenador, te das banquete pues ya sabes quién va a actuar a la defensiva, si hay favoritismo, te dan todo hecho. Pero, para mí, lo bonito es poder darles sorpresas a la gente”.

La habilidad sí es la misma

Independientemente de la cantidad de datos a los que se tiene acceso con un “clic”, Candal asevera que a lo largo de las cuatro décadas que ha estado ante los monitores, desde su debut en la Cadena Venezolana de Televisión hasta su travesía por el canal de La Colina, RCTV y TVes, ha entendido que las bases del éxito en la narración deportiva no varían con el tiempo. “Igual tienes que dominar lo que es el fútbol, no puedes ser reiterativo ni posesivo, ni dejarte seducir por la parcialidad; solamente se te permite que defiendas a tu país y hasta cierto límite, para no ser patriotero. Además, hay que dirigirse a ricos, pobres, entendidos, no entendidos y, en especial, a las mujeres porque tienen un coeficiente muy bueno a la hora de opinar. Y debes hablar con espontaneidad aunque te equivoques”.

Y, ¿quién más espontáneo?

“Al venezolano le encanta la alegría y yo buscaba reflejar eso con mis palabras, por eso frases como ‘y mañana, ¡ay, mañana!’ o la que solté cuando el Mundial de España 82, en un encuentro entre Brasil y la Unión Soviética, ‘¡¿qué hiciste, papaíto?!’, eran inventos que había agarrado de la calle. Sólo una vez me pidieron que preparara una, para una publicidad y me tenían tan presionado, que no me salía y ¡fue un desastre! Jajaja. Por eso los anunciantes nunca me daban textos”.

Se proyectó

“Soy una demostración de la motivación que tienen los venezolanos, del respeto a sus símbolos; yo fui un símbolo porque actuaba para el pueblo, ese pueblo que me defendía y me saludaba por donde iba”.

Su frase: “La televisión fue mi madre. Para los cuatro canales donde estuve, no tengo más que frases de elogio”.

TV-Joselo

Carismático sin protocolos

“Joselo”

Nombre real: José Díaz Márquez

Preámbulo académico

Gracias a unos famosos performances que hacía en la Facultad de Arquitectura de la UCV, en las postrimerías de los años cincuenta y con Fina Rojas, Cayito Aponte, “Pepeto” López, “Lumute”, entre otros, a José Díaz Márquez lo comenzaron a invitar a la radio. El auge de esas presentaciones atrajo al productor argentino Tito Martínez del Box, quien arrastró a los entonces mozos a hacer sus pininos en la televisión. “Y se estrenó la Radio Rochela que se hacía en estudio, en vivo y era un segmento de un cuarto de hora dentro del programa musical de Víctor Saume. Más adelante, se fundaron programas en los que éramos los protagonistas; indudablemente sobresalía yo, como humorista, y (en 1964) me crearon El show de Joselo”.

Adaptación natural

“Al entrar a la televisión había que combinar sonido con mímica y los chistes se convirtieron en sketchs, ésa era la diferencia. La cuestión era que yo tenía dificultad para memorizar los libretos y volvía loco al coordinador, porque él trataba de indicarme lo que me tocaba decir, yo me salía del set para que me explicara y la cámara me tomaba en el recorrido, cuando el tipo me estaba dando instrucciones y cuando regresaba, ¡eso era muy gracioso!”.

No estaba en los planes

“A mí lo que me fascinaba era cantar pero como no tenía un horizonte definido, pensé que si iba a estar en la televisión iba a hacer lo que mejor podía hacer. Si voy a cantar voy a cantar y si voy a actuar, voy a actuar y, al final, me sentía feliz actuando. Salía a diario en los periódicos y, bueno, eso era maravilloso”.

Férreo competidor

En 1974, Venevisión adquirió el proyecto de Díaz y él se fue con uno de los escritores de la Radio Rochela, Menéndez Bardón; ahí se entabló la pugna por el rating con sus antiguos compañeros. “Fue un gran éxito durante 15 ó 20 años; yo era el Miguel Cabrera de ese momento, el triple coronado pues, porque conmigo estuvieron, por ejemplo, ‘La Polaca’, que era una bailarina española, Cassius Clay, José José, ‘Chespirito’, el enanito ése de ‘el avión, jefe, el avión’ (Hervé Villechaize) y hasta Los Ángeles de Charlie. ¿Qué tal? ¿Cómo te quedó el ojo?”.

Aprendió del ídolo

“Una vez estuvo ‘Cantinflas’ aquí y cuando concluyó su sketch, me preguntó: ‘Joselo: ¿Cómo me quedó? ¿Te gustó?’. ¡Un hombre de su talla preguntándome a mí! Y yo, pa’ echarle broma, le dije que no. ¡Jajaja!”.

El más pegajoso

“El personaje más fuerte fue ‘Joselo-Joselo’, porque le daba vida al resto y andaba por cada rincón del país. Por eso, lo que yo decía se tornaba en una frase popular, si bien muchísimas me las tomaba del pueblo. Por ejemplo, eso de ‘Eh, uh’, se lo escuché a José Bardina; el ‘no sé si pa’ ti, pero pa’ mí’ se lo oí a Uslar Pietri y el ‘ponte a creer’ lo tomé de una chica. La clave es caerle bien al público y enriquecerte culturalmente, leer, porque de esa forma, cuando vas a hacer algo, tienes las nociones universales del humorismo y puedes funcionar mejor”.

Responsabilidad y experiencia

“Es fundamental entender el impacto que puede tener una actuación, una palabra, una frase ante la audiencia e intuir qué propuestas pueden ser exitosas y cuáles no. En la actualidad pareciera que, a los programas cómicos, no les importa lo que le están exponiendo a la juventud venezolana, lo hacen sólo para ganar real. Antes no había tanta desesperación por sobresalir, por figurar, no me agrada esta nueva manera de sobrevivir”.

Su frase: “¿Mi primer autógrafo? Bueno, mi amor, de vaina no conocí a Bolívar. ¡Yo no me acuerdo de eso!,  jajaja”.

TV-Joaquín-Riviera

El del rating con salero

Joaquín Riviera

Nombre real: Joaquín Castellanos

La TV con ritmo

            Sí, la versión trillada es que Joaquín Riviera fue un reputado danzarín y productor de espectáculos durante la era dorada del Tropicana y otros cabarets de la Cuba de mediados del siglo XX. No obstante, recién iniciado en sus andanzas, la televisión de la isla y el Desfile de la Alegría le abrieron las puertas y, antes de mudarse a Caracas, ya había viajado a Venezuela con su trío Los Riviera. “Me presenté en el Show de Víctor Saume, en el Colgate Palmolive que dirigía René Estévez, en el Coney Island, entre otros”.

 

Al detrás de cámaras

            En 1968, cuando ya tenía una década fabricando exhibiciones dentro y fuera de los platós, salió de La Habana rumbo a España. Cuando sus compatriotas exiliados en Venezuela se enteraron, le pidieron que viniera. “El coreógrafo de Venevisión, Jorge Citino, había renunciado, me pidieron remplazarlo, me ofrecieron un contrato muy pichirre y aquí estoy, jajaja. Mi ventaja era -y es- que yo subí la escalera escalón por escalón; yo quise ser bailarín porque para poder montar y dirigir, tenía que saber lo que se hacía y cómo se hacía. Yo estuve en el último puesto en el ballet, en el principal, fui solista y después dirigí”.

 

El choque

            “Cuando aterricé acá fue muy fuerte, porque Cuba estaba atrasada. Musicalmente no, porque la música latina la teníamos allí, pero sí en cuanto a lo que sonaba en el mundo y uno llega y se encuentra con la tecnología, con los distintos ritmos, las diversas estructuras coreográficas… Por suerte, encontré a individuos que me ayudaron, como Mery Cortez y Juan Monzón, y empecé a viajar, a ver los materiales de Jean Huntley en Betamax, me iba a las discotecas por la noche y era una esponja”.

 

De rumba con ¿las misses?

            De fiesta con Venevisión, conducido por Gilberto Correa, fue el esquema musical bajo su ala durante una década, hasta que el triunfo de Maritza Sayalero en el concurso Miss Universo lo empujó a encargarse del Miss Venezuela. “Y juré que sólo sería en la edición de 1980, porque las muchachas eran muy indisciplinadas. ¿Un año? ¡Ya tengo 33 y estoy feliz con esas mujeres! Además, retomé lo que hacía al principio, que era comerme completo el programa desde que su concepción y hacerlo igual que en los night clubs, donde están los cantantes, los solistas bailarines, los bailarines y las modelos, sólo que en el Miss Venezuela las modelos son las misses y tienen más jerarquía”.

 

El desafío de renovarse

            “Que me critican, que no me critican, ¡que hablen! El espacio más visto de Venevisión es el Miss Venezuela y el segundo La Gala Interactiva. ¡Claro!, las misses son el centro, aunque ellas están adornaditas y para mantenerme al día con eso, sigo viajando, escucho la música que está sonando, tengo dos productores, Ricardo Di Salvatore y Vicente Alvarado, que desde enero me van trayendo los 20 números más famosos aquí y en Estados Unidos, busco en internet, me meto en Youtube… ¿Has visto al coreano? Lástima que ya no tenemos a nadie para poderlo hacer”, afirma, abriendo el navegador de su Mac, aludiendo al popularísimo gangnam style y demostrando que, a sus 80 años, no sólo no le teme a las computadoras sino que, realmente, está al corriente de lo más in.

 

Su verdadero desafío

            “En el 83, la televisión y la Organización Deportiva Panamericana me plantearon el reto de producir los Juegos Panamericanos. Manejé 12 mil personas, 2 mil niños y tuve satisfacciones enormes. Me dediqué a eso en cuerpo y alma”.

 

Su frase: “Soy un granito de arena en este negocio. Yo vivo para esto, para disfrutarlo y lo que yo me gasto en viajes es para retribuirlo aquí, porque esto es lo mío”.

TV-Tinedo-Guía


La voz de las noticias 

Tinedo Guía

Nombre real: Tinedo Alejandro Guía

 

Un chamo curioso

“De pequeño, yo vivía en Quebrada Honda y cerca de allí, en el callejón Sánchez, se instaló el canal del Estado en 1952. Nosotros nos asomábamos por la ventana, veíamos las siglas YVKA TV y yo decía: ‘Ese canal se llama yuca TV’, jajaja. Cuando salió al aire Televisa, yo me escapaba de La Salle para meterme en las grabaciones y en una ocasión participé en El bachiller Estanislao, donde le hacían preguntas a Estanislao, él no respondía y el asistente que sí lo hiciera se ganaba premios. Más o menos así fui emocionándome con la nueva tecnología de la televisión”.

Piano, piano

En la espera para entrar a la facultad de Medicina, hizo un curso de locución y arrancó a hacer “tiritos” en las ondas hertzianas, arribó a la Radio Capital del Hit Parade de los años setenta y, por último, cuando a su director, Oswaldo Yépez, lo nombraron gerente de la Cadena Venezolana de Televisión, Tinedo Guía vio la posibilidad de irrumpir en ese medio que lo cautivó en su infancia. “Le comenté quería intentar la locución de cabina, le hacía guardias de avance a Antonio del Nogal, anunciaba los programas que venían, de tres en tres, y hacía las cuñas de campana”.

Apoyos ilustres

“Cuando entró Isa Dobles a hacer Operación contacto en VTV, un día necesitó un locutor para un micro, me pidió el favor y, como le agradó, llegado un momento me pidió que saliera con ella en pantalla. A continuación, hice un noticiero con su hermana, la mamá de Nelson Bustamante, más adelante hacía reportajes científicos y cuando Isa se fue del canal, quedé con Seguimos en contacto”.

 

Asimiló las bases

“En el área de noticias en televisión entendí que hay que tener imagen, prestancia y presencia. A la par, uno debe leer todo lo que pase frente a sus ojos y estar empapado con el antes, el hoy y el después de la información, para poder comunicar. De esa manera, hay una universalidad en el mensaje, sin sesgos y puedes improvisar, puedes salvar cualquier situación de la pantalla por más que el estudio se esté cayendo, como ocurrió con los sucesos del 4 de febrero de 1992, cuando yo estaba ante las cámaras y mis colegas corrían para acá y para allá pero los espectadores no se dieron cuenta”.

 Caló en las masas

A lo largo de sus 17 años frente a El Observador, en Radio Caracas Televisión, Guía se vio en la obligación de desenvolverse en numerosos “instantes sorpresa” con calma y cordura. No obstante, fue casi al sellar su trayecto por ese noticiario cuando advirtió qué tan profundo había calado su labor en la población: “Cuando había mucha expectativa con respecto al cierre del canal, una tarde estaba yo caminando por el Centro San Ignacio y una señora canosa se me acercó y me pidió que rezara con ella, por la protección de los periodistas del país. Lo hicimos allí mismo y eso me conmovió”.

Con compromiso

“Esto trae alteraciones a tu vida, pues tienes que limitarte de hacer ciertas cosas, saludar a todos y, por ejemplo, cuando estás en la playa y te tomas unas cervezas, debes tener una bolsa al lado y cerciorarte de que la gente vea que la estás botando ahí porque si otro las deja, juran que fuiste tú. Aparte de eso, hay quienes se aproximan a ti para pedirte ayuda económica o que le des un chance, y uno está permanentemente en la calle como si estuviera en la televisión: trabajando por la comunidad”.

Su frase: “El mayor reto que me ha planteado la televisión venezolana es volver a ella y volver haciendo programas para formar a nuestro pueblo, no para ganar rating”.

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Señor histrión

Raúl Amundaray

Nombre real: Raúl José Amundaray

 Curiosidad pueril

En sus años de colegio, declamaba para las monjas. Apenas supo valerse por sí mismo en la ciudad, por allá en los años cincuenta, se jubilaba del liceo y deambulaba por Radio Libertador, Radio Cultura, Radiodifusora Venezuela, Radio Rumbos y Radio Continente. “Y las señoras de esa época, me decían: ‘Ay, tan bonito el muchachito, ¿te gustaría?’. Y yo: ‘Sí, me encanta’, hasta que me dieron un papelito, después faltó el narrador, después narré, hasta que fui protagonista”.

Fama inmediata

En su hogar se enteraron de sus actividades “extracurriculares” cuando él ya había obtenido su primer rol de categoría y figuraba en los créditos de la radionovela Para ti, mujer. De conquistar con la voz, se hizo con el teatro y pronto los ejecutivos de naciente plataforma lo buscaban con fervor. “Yo no quería hasta no hacerme un nombre en la radio, pero como basta que tú te niegues para que insistan, decidí hacer Noche de gala y debuté en Radio Caracas con doña Amalia Pérez Díaz, en una obra de Jean Cocteau. Luego vinieron otros teleteatros hasta que me ofrecieron Historia de tres hermanas, donde era un héroe romántico de la Independencia”.

Fuentes de inspiración

            “Miraba a actores como Paul Newman y, de acá, a Don Rafael Briceño y a Enrique Benshimol, con quienes compartí a la postre, y a actrices como Yolanda Méndez, Rosita Vásquez, Margot Antillano, sobre todo ‘ellas’ me ayudaron”.

El hit

            En 1965, cuando aún no existía el videotape y las telenovelas se hacían en vivo de lunes a viernes, su Albertico Limonta en El derecho de nacer causó tanta excitación que hubo que extender las emisiones hasta los sábados, durante dos años. Siendo apenas su segundo estelar, resultó arrollador y le abrió las puertas para participar en más de una veintena de dramáticos y en películas locales, aztecas y de Hollywood. “Yo me aparecía en los estadios y las mujeres estaban con pancartas y me rompían la ropa, la policía me cuidaba y tenía que avisar antes de salir, para que me esperaran con guardaespaldas. Eso sólo tenía lugar con los cantantes”.

Albertico metió la pata (y nadie lo supo)

            “El matrimonio de Limonta con Isabel Cristina se promocionó demasiado y, en el instante crucial, él salió y le susurró, con su voz de galán: ‘Isabel Cristina, yo te amo’ y se recostó del backing; ¡eso hizo ‘rupúm!’, se cayó y yo me puse rojo, pero continué. Cuando abrí la puerta de la casa, mi mamá me dijo que no se notó porque poncharon hacia una cocina donde estaba Mamá Dolores”.

El secreto

“Hay papeles que te ayudan porque están bien escritos. 80% del éxito de una novela depende del libreto, el resto de los actores y si estás en buenas condiciones físicas, si estás dado para esa interpretación, si pronuncias y matizas correctamente, si hablas bien y si te esmeras en prepararte, el mandado está hecho. Ahora los galanes, cuando oyen ‘cinco y acción’, lo que hacen es sacar el pecho y eso no es, lo esencial es el talento y la seguridad ante las cámaras”.

Con calidad de exportación

“Ejercí en México, en Puerto Rico y nunca hubo nada más atractivo que Venezuela, porque en ese período aquí se hacía televisión para exportar, con buenos textos, buenos asuntos, buenos actores, buena experiencia… Me acuerdo que en una oportunidad fui a Nueva York y en el canal 47 tenían Raquel, en el 52 Valentina y hasta una multitud fue a recibirme al aeropuerto. También estuve en España gracias a Cristal”.

Su frase: “La televisión fue un medio por el cual me di a conocer, que me ha dado inmensas satisfacciones y espero que no haya pasado por debajo de la mesa, que me recuerden con cariño y con amor”.

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Entusiasmo maratónico

Gilberto Correa

Nombre real: Gilberto Emiro Correa

Desde las aulas

            Un curso de locución sugerido por su hermana, su vozarrón y un caza-talentos lo empujaron a la radio en su Maracaibo natal y, al rato, a las pantallas regionales. “En 1963 vislumbré lo que era la televisión cuando animé el Festival de Gaitas Pampero. Yo tenía 19 años, un carajito, y simultáneamente estaba en la Universidad del Zulia, donde tenía el programa Cultura Universitaria. A los 12 meses, vino el golpe de suerte: Hicieron una especie de versión local del Venemaratón, yo lo conduje y como en el Zulia acababan de importar las primeras máquinas de videotape, eso se grabó en blanco y negro y el rollo paró en Caracas”.

De verdad-verdad

“Los ejecutivos de Venevisión vieron esa cinta, el señor Horacio Zaro fue a buscarme a mi casa y me invitó a Ritmo y Juventud. Yo entendí que era sólo por ese día, porque yo estaba en lo mío allá, tenía mi espacio en la radio y en la televisión, mis cuñas y mis clientes. Lo cierto es que al cierre de esa jornada, me acerqué a darles las gracias y ahí fue cuando me invitaron a sumarme a su staff. Era 1965 y yo era locutor de cabinas, de promociones, de Ritmo y Juventud”.

Como el camaleón   

            “No tuve que moldear el acento porque yo nunca fui de ‘mirá, ¿qué fue?, ¿cómo estáis?’, ni siquiera en casa. Lo que hice fue emplear las herramientas que traía de la radio, donde aprendí el concepto de la comunicación y el manejo del instrumento vocal y en la televisión agarré más soltura, porque es la expresión de ti mismo”.

A las grandes ligas

            De las propuestas para los jóvenes, Correa se arrimó a las multitudes con El show del pueblo, que transmitía desde zonas populares de la capital con La Billo’s Caracas Boys, así como con las Bailantas en distintas ciudades del país y en Los Próceres, “¡donde se congregaron hasta 250 mil personas y eran tres escenarios!”, evoca. De ahí, se trasladó al musical De fiesta con Venevisión, “que fue el primer programa a color, era en vivo, los miércoles a las 8:00 de la noche y convocaba a la familia entera porque teníamos al Topo Gigio”.

Las noches más lindas

“Con el Miss Venezuela me convencí de que tenía la capacidad de dominar la escena en un evento de semejante magnitud y naturaleza, el cual fue de blanco y negro a color y de ser en el Teatro Municipal al Teresa Carreño y al Poliedro de Caracas. Me tocó hacerlo ‘apenas’ 29 años”.

Y el maratónico

            En paralelo a su presencia permanente en el certamen de las reinas y de la presentación de notas de entretenimiento que hacía en Close Up, en 1988 Correa recibió otro de sus mayores encargos. “Amador Bendayán se tenía que operar y me dijo que el único que le podía hacer el quite era yo. Me moví a Sábado Sensacional, él retornó y fueron varias idas y vueltas hasta que se nos fue. De inmediato, surgieron opiniones divididas porque decían que yo tenía otro target, más de esmoquin, y me puse a pensar: ‘¿Qué puede suceder? Uno: que digan que yo heredé algo había construido otro; dos: que el programa se hunda porque no tengo el perfil carismático para ese tipo de público; tres: lo más difícil, que despegue a escala internacional’; lo último fue lo que ocurrió y se vendió en Panamá, Miami, República Dominicana, etc. Pudo haberlo hecho Amador, no obstante, me tocó a mí y sin imitarlo ni buscar semejanzas con él, porque ése era su patrimonio”.

Su técnica

“Aparte de ser un lector voraz, porque con ello vas nutriendo tu arsenal de palabras, hay que entender que la audiencia merece un respeto y que tienes que hablarle sabiendo que son cientos de miles, pero haciéndole sentir a cada sujeto que estás conversando sólo con él y siendo tú mismo, sin fingir y sin caletres”.

Su frase: “La televisión exige responsabilidad en tu comportamiento humano. Es común que los del medio se embriaguen con la fama y les dé por llegar tarde, por no llegar o por aparecer en ‘ciertas condiciones’ y eso se nota, tú tienes que estar perfecto”.

TV-Nelly-Pujols

Veterana de las risas

Nelly Pujols

Nombre real: Nelly Pujols

Estreno “frustrante”

            Tras haberse graduado en Psicopedagogía en Estados Unidos, regresó a Caracas y decidió ensayar Arte Dramático con Paul Antillano. “Era muy frustrante porque cuando hacía tragedias griegas u obras de Tennessee Williams, ¡la gente se reía!, y Paul me decía: ‘No, no, tú eres comediante”.

Por casualidad

“Acompañé a una amiga a un casting para el Programa sin nombre, que fue una división de la Radio Rochela cuando Tito Martínez del Box, pero los nervios la traicionaron y yo me puse a gesticular para ayudarla. Entonces Jorge Citino, que posteriormente fue mi esposo, me preguntó qué hacía yo y le contesté que a Raquelita Castaños y Nancy Ramos. A los tres meses me llamaron y empecé haciendo de una nenita tremendísima que era muda, porque yo no tenía carnet del sindicato y no podía tener diálogos en cámara”.

Su gran cruzada

“Luego de la venta del canal 8 al Estado, me marché a Radio Caracas y asumí a Tatatita, una figura infantil. Ella se abría la boca con las manos y gritaba ‘¡Tatatita!’ y las maestras de mis hijos me reclamaban: ‘Ay, no haga más eso, que los niños la imitan” y yo les respondía: ‘Es que con eso pago el colegio’, jajaja. De ahí, brinqué a A millón muchachos, donde estaban Marisela Berti, Jean Carlos Simancas, Mirla Castellanos, Mimí Lazo y era, como lo refleja el título, una ‘loquetera’. De ahí me fui a La Rochela”.

Entre las precursoras

Si bien Carol Burnett y Lucille Ball eran su norte, Nelly Pujols también encontró inspiración local. “Aquí habían sólo dos iconos de la comicidad femenina: Fina Rojas e Irma Palmieri. Es que a la mujer se le hace más difícil porque tienes que perderle el miedo al ridículo y reírte de ti misma y de los demás”.

Por nueva

“Yo tendía a ver fuera de cámara, porque volteaba a ver si los asistentes se estaban riendo, ¡jajaja!”.

Flora y Hortensia

“Esos han sido los personajes, para Irma y para mí, más representativos. Pienso que si nosotras hubiésemos sido colombianas, argentinas o mexicanas todavía estaríamos viviendo de ellos, porque se alimentaban de galanes y los galanes siempre van a existir. Por ahí desfilaron Simón Díaz, Tomás Henríquez, Carlos Márquez y hasta Menudo, cuando Ricky Martin estaba bebecito. A pesar de eso, me siento muy contenta de que habiendo pasado tantos años, me paren a preguntarme por Hortensia y me digan: ‘Cuando yo estaba chiquita te veía…’ y yo: ‘¡Shhhs!¡Silencio, co..o!, ¡que se revela la edad!, jajaja”.

Captó

“La mística de los equipos en televisión y la disciplina, o sea, que tú no puedes hacer hoy el personaje de un modo y mañana de otro, tú debes mantener una pauta y procurar que todo salga bonito, pegue o no pegue porque hay personajes que la audiencia, simplemente, rechaza”.

La meta es la excelencia

“Antes contábamos con más presupuesto, había musicales, las plantas competían unas con otras, traían artistas de afuera y el talento venezolano se hacía notar, porque había una reglamentación según la cual las piezas del horario estelar tenían que ser hechas acá y eran tan buenas, que te hacían brincar de un lado a otro. Claro, eso ha cambiado, sin embargo, desde los técnicos hasta los directivos aún se esmeran por dar calidad y yo, que he ejercido afuera, te garantizo que no tenemos nada que envidiarle a ninguna televisión latinoamericana”.

Su frase: “Yo estoy consciente de que casi cuatro décadas metiéndome en las casas a hacer reír, por eso, cuando me gritan en la calle: ‘¡Mira la loca!’, lo entiendo y reflexiono: ‘Mi material se está viendo, qué emoción”.

WWW

Hitos de la TV nacional

http://bit.ly/UshaR3



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