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lunes, 24 de noviembre de 2014

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Moriscos y gitanos en Venezuela

Aunque se mantienen con un perfil bajo, en el país existen inmigrantes y descendientes de estos grupos étnicos.

Por: Valentina Ruiz Leotaud vruiz@cadena-capriles.com

 


Moriscos y gitanos en Venezuela
Son amantes del baile y de las celebraciones. (Créditos: Patrick Dolande)

Moriscos: encontrándose a sí mismos

Aunque por definición son los musulmanes que habitaron en España desde el siglo VIII hasta el XV y que fueron bautizados cuando los Reyes Católicos retomaron el poder de la península, tras casi ocho siglos de dominación islámica, en la actualidad es obvio que el término se refiere a los parientes de aquellos.

Perseguidos por sus creencias, algunos fueron tocando América durante la Colonia y en particular tras 1609, cuando fueron expulsados del reino; unos cuantos lograron hacerlo tras haberse “diluido” entre los gitanos, que arribaban al Nuevo Mundo como obreros o esclavos. “Llegaron a tres puntos muy específicos: Chile, Argentina y Venezuela y lo que más ama un morisco y un árabe es un caballo, de ahí que se hayan apostado en los llanos”, resume María Alejandra Cachima, quien suma más de una década indagando sobre sus raíces.

Su abuelo zaraceño fue uno de los puntos de unión que encontró con los asentamientos moriscos en Guárico. No obstante, advertir eso le tomó años: “Yo preguntaba de dónde era mi apellido y la respuesta era: ‘Es indígena’. Como yo estuve en la milicia, un comandante me puso como castigo que averiguara ese origen y nada. Al final, en 2006, encontré una lista de la ‘Visita inquisitorial al Obispado de Almería en 1561’ y ahí se nombra a una María Cachima, que es ancestro mío de 13 generaciones atrás”, indica, mostrando el documento donde se determina que esa señora era morisca.



Entre bailes y cantes

Indagando más, María Alejandra detectó que los que labraban la tierra guariqueña, cuando no era un estado sino la hacienda de un español del siglo XVII, eran gitanos y moriscos. “Lo más interesante es que, justamente, la mayoría de los Cachima vive en Zaraza”, apuntó y más adelante señaló otro vínculo: “Como instauré la página web Moriscos de Venezuela, alguien de Egipto me escribió diciéndome que realmente el apellido es Wasima, muy común en algunas zonas de Marruecos. Yo pensé que podía ser una transliteración y luego supe que hay un pueblo en Guárico con una quebrada que se llama Guasima; eran demasiadas coincidencias”, explica.

¿Qué gana esta abogada con su exploración?: Respuestas. “El asunto es que yo nunca me he asemejado a nadie en mi casa, soy distinta en apariencia, costumbres y actitudes, soy como un salto atrás. Además, desde pequeña he tenido comportamientos que no eran enseñados en el hogar: amaba el flamenco con locura, por más que nunca lo hubiese bailado, y desde chiquita hice danza oriental porque estaba en mis genes; por otro lado, mi forma de vestir y de maquillarme ha sido la misma desde los 15 años y yo decía, ¿por qué será?”, evocó.

En vista de esto, hace más de un decenio incorporó a su búsqueda atávica el aprendizaje de esas danzas que le movían el alma y, claro, entendió que son producto de las fusiones andaluzas, musulmanas, gitanas, moriscas y hasta judías que se había dado en la Madre Patria. “Y como dice Paco de Lucía: ‘En la mezcla está la pureza’, también empecé a ver otras conexiones como que el joropo tiene mucho del baile flamenco, incluyendo la falda”.



Legado

            Como el arte en movimiento fue, en parte, lo que la impulsó a profundizar en las lides antes descritas, en 2007 Cachima instituyó Moriscas, un espacio donde recrea los montajes de sus antecesores. “Por la mezcolanza, me tomó bastante tiempo sistematizarlos para poder impartirlos porque no es flamenco, no es hindú ni es completamente oriental”, subraya.

A su empresa se sumaron su esposo, Freddy Medina, quien ejecuta el derbake, y su hijo, si bien no llegan a las honduras de Alika Al Shahlaa, apodo de la ahora profesora. “Yo fui criada en la religión católica pero esto es tan profundo que, en 2008, comencé a estudiar el Islam y descubrí que es la religión perfecta porque es la única que da respuesta a absolutamente todo. No voy a la mezquita, porque tu relación con Alá es personal; sin embargo, sí recuerdo a Dios permanentemente y le agradezco por lo que tengo, haciendo las cinco oraciones del Salat”.

Otra práctica diaria, a la que ha sumado a los suyos, es la de sorber té verde con menta al mediodía y en la noche. “Lo tomaba porque me parecía rico y después fue que leí que en Marruecos es típico beberlo así, al igual que hacer algo que yo he hecho siempre: comer el postre antes de la comida.



Traje tradicional: Para ciertos encuentros religiosos le ha tocado usar el hiyab. Para los bailes y cotidianidad usa ropa de colores fuertes, cinturones con guindalejos brillantes, faldas amplias unicolores o con arabescos y blusas que exhiban el vientre y que pueden tener decoraciones con cristales.

Accesorios: Zarcillos largos y recargados, infinidad de pulseras o una que se une a la mano con hilos dorados y un anillo, tobilleras con colgantes, pirsin en la barbilla.

Peinado: Cabello largo, negro azabache, suelto. En ocasiones se añade una rosa roja.

Maquillaje: Ojos con líneas negras gruesas que terminan en puntas largas arriba y abajo, sombras de colores que ocupan el párpado entero hasta la ceja. A veces se colocan aplicaciones brillantes en los extremos de los ojos, en el contorno de la ceja o en la sien. Labios rojos, bien delineados. 

Música: Morisca, árabe e hindú. Instrumentos: tambores de cuero y derbakes, oboes, clarinetes.

Baile: Danza del vientre aunque, en el caso de la morisca, el movimiento de los brazos y los hombros es más pronunciado.

Comidas: Cuscús, garbanzos, postres con exceso de azúcar. 

Religión: Islámica.

Lengua: Árabe.



WWW

Si crees tener algo de morisco

www.moriscosdevenezuela.blogspot.com


Gitanos: reservados y ortodoxos

            “Sólo te puedo dar la entrevista por teléfono porque somos muy reservados”, fue el primer intercambio con Franklin Lobo, figura líder de los gitanos en Venezuela. Días más tarde cumplió su palabra y arrancó comentando que en el país habitan entre 2 mil y 2 mil 500 rom (término con el que se designan), provenientes de naciones como Rusia, Hungría y Rumanía e instalados en San Cristóbal, Caracas y ciudades del centro como Valencia.

            Es difícil estipular cuándo arribaron a estos lares, si bien es probable que muchos hayan entrado con las oleadas migratorias de mediados del siglo XX y que algunos más estén presentes en estos parajes desde la Colonia. Lo cierto es que, según Lobo, la mayoría de los miembros actuales de este colectivo integran el gentilicio local, a tal punto que “si no te dicen que lo son, no te das cuenta”.

Sus residencias no son las casas rodantes que salen en shows de televisión ni tampoco andan en caravanas, como sus ancestros. El nomadismo ya pasó y pueden habitar desde en lujosas mansiones hasta en modestos apartamentos, lo cual no excluye que, para alguna celebración, se animen a armar carpas para recordar tiempos lejanos.


Familia, trabajo y más familia

“Nos hemos adaptado a la cultura y al modo de vida latinoamericano y somos de los más modernos. El gitano tiene su casa, viste de traje, trabaja en oficinas y no es empleado, tiene su propio negocio”, comenta, sin detallar en qué áreas se concentran. “Me encantaría contarte más pero hay códigos que uno no puede divulgar porque va en contra de nuestra etnia”, se disculpa.

Lo que sí aclara es que, para ellos, el empleo es fuente de honor, de allí que desde la adolescencia ingresan al mercado laboral. “Los niños estudian en escuelas regulares y cuando tienen 13 ó 14 años están metidos en el negocio con el papá, porque quieren superarse, tener un carrito y pasan a ser como asistentes. Cuando tienen 15, 16 ó 17 años ya están capacitados”, sostiene.

Como puede suponerse, el siguiente escalón es contraer matrimonio con una moza que sólo se va a dedicar al hogar: “Se casan a los 16 ó 17 años y mantienen ese linaje en el que nosotros los encaminamos. Ellos se escogen, pero saben que no está permitido que se casen fuera de la comunidad y ellos llevan eso muy dentro en su ser”.

Cuando este dirigente se refiere a la estirpe, no alude a su núcleo sino a los de su raza. “Hay una diferencia entre los hermanos gitanos, que somos como una gran familia donde hay respeto a las leyes que tenemos, y el ámbito íntimo, donde igualmente somos muy pegados porque las decisiones se toman en conjunto y el niño o la niña va creciendo con unas líneas preestablecidas”, argumenta.




Otra manera de divertirse

             A pesar de que parece imposible mantener ese círculo cerrado en una sociedad con tantas vías de comunicación como la actual, ellos lo logran. Haciendo un sondeo por Facebook, numerosos usuarios rom tienen la configuración de privacidad al máximo y a situaciones como ésa hay que agregar que no suelen compartir con gadyè o no gitanos.

Así lo precisó el caballero entrevistado: “Los jóvenes no son muy dados a la libertad del ambiente nocturno. Para nosotros eso de beber e ir a discotecas es muy desordenado, es algo donde encuentran complicaciones, como muchachas embarazadas solteras; por eso las reuniones en familia son muy importantes, porque son como una válvula de escape a lo que no se les permite hacer… o no es que no se les permite, sino que no es parte de la cultura”.

En consecuencia, las bodas o cumpleaños suelen ser cruciales para grandes y chicos y no se escatima en lujos y gastos. “Todos anhelan tener lo mejor de lo mejor y cumplir sus sueños, por eso también existe una competencia sana y, por ejemplo, si alguien hizo una fiesta súper bonita y tal, la próxima va a querer una mejor”, mencionó, Lobo, entre risas.

Trajes pomposos, drapeados, de satén, con lentejuelas y pedrería, con los que se exponga la piel, joyas de gran tamaño que pueden ser incluso tiaras, escarcha, maquillaje pronunciado, tortas de varios pisos, orquestas, manjares a granel o carros de lujo para hacer la entrada son algunas de las características de una rumba gitana. “Es que nos gusta destacar, el brillo, el oro”.




Traje tradicional: Faldas largas, plisadas o rectas y blusas con los hombros al aire, con faralaos, o que muestren el vientre. Ambas llevan aplicaciones brillantes con dibujos geométricos o monedas colgantes.

Accesorios: Petos, normalmente en dorado, zarcillos largos y recargados, pulseras gruesas, coronas, tocados. 

Peinado: En las menores, el cabello negro va suelto o trenzado con filigranas. En las mayores, los tonos cambian y puede ir adornado con grandes flores.

Maquillaje: Ojos con líneas negras gruesas que terminan en puntas largas arriba y abajo, sombras de colores que ocupan el párpado entero hasta la ceja. Labios rojos. Mejillas rosadas. 

Música: Escuchan ritmos modernos (salsa, merengue, reggaetón) y folclóricos con influencias de los sones de los gitanos de Rusia. Instrumentos: guitarra, acordeón, piano, percusión, palmas.

Baile: Es una especie de zapateado sutil, con brinquitos, en el que se mantienen los brazos semiestirados a los lados, se rotan las muñecas y se sacuden los hombros. 

Comidas: Gulasch, repollo relleno con carne, arroz, aceitunas y condimentos, sopas como la Borshch de remolacha.

Religión: 95% cristiana evangélica. 5% católica.

Lengua: Romanó.



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