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Comer en clave zen

Ya sea debido al vertiginoso ritmo de vida, que causa estrés y prisas con el consiguiente descontrol en las comidas, o a causa de los malos hábitos alimentarios adquiridos durante la infancia y juventud que se mantienen en la edad adulta, muchas personas ‘pisan el acelerador’ cuando se están alimentando.

Distintos estudios demuestran que comer con rapidez y sin tranquilidad tiene repercusiones negativas para el organismo: “Comer demasiada rápido podría aumentar el riesgo de padecer diabetes”, de acuerdo a un estudio elaborado en la Universidad Lituana de Ciencias de la Salud, donde se encontró que quienes comen con rapidez tienen 2.5 veces más probabilidades de sufrir de diabetes que los que se alimentaban de forma más pausada.

Alimentarse demasiado rápido también puede conducir a comer en exceso: consumir los alimentos de forma apresurada limita la liberación en el intestino de aquellas hormonas que desencadenan la sensación de saciedad. También, no tener tiempo para sentarse a la mesa a comer lleva a elegir alimentos de dudosa calidad, al punto que quienes habitualmente comen en compañía de otras personas tienden a tener una alimentación de mejor calidad, que incluye más frutas y verduras. En cambio, quienes tendían a «comer de paso» elegían habitualmente comida rápida e ingerían más grasas saturadas y gaseosas y menos alimentos saludables.

«Esto demuestra la importancia de dedicarle tiempo a las comidas y compartirlas con amigos o familiares», explica la nutricionista José Aminta Suárez, para quien los comensales deberían dedicarle más tiempo a las comidas como lo hacen con cualquier otra actividad importante, y «cuando no hay otra opción que comer rápido, han de elegir algún alimento saludable”, como las frutas frescas o secas, los vegetales prelavados, las galletas de granos integrales y el queso en «hebras» tipo light.

Ningún nutriente puede en sí mismo atribuirse efectos antiestresantes; sin embargo, hay un hecho irrefutable: el placer que nos produce comer ciertos alimentos provoca en nuestro organismo una secreción de “opiáceos endógenos” que nos proporciona sensación de bienestar e incluso cierta euforia que favorece la salud física, anímica y mental.

COMO EN LAS BODAS

Otra de las consecuencias de comer aceleradamente y con nerviosismo, son los problemas digestivos. De acuerdo a algunos nutricionistas, para evitar un empacho, nombre popular de la indigestión, que produce síntomas como pesadez y dolor de estómago, entre otros, conviene conocer «cómo funciona el estómago».

Según el doctor Gonzalo Guerra, especialista en enfermedades digestivas, es importante saber que a medida que aumenta la velocidad a la que se come, el estómago multiplica el tiempo que tarda en hacer la digestión. Para evitar los empachos, habituales en las ocasiones del año que fomentan las comidas copiosas y los excesos gastronómicos, el doctor Guerra recomienda comer despacio, masticar bien y no ingerir bebidas alcohólicas si antes no se ha tomado ningún alimento.

Para evitar indigestiones, el especialista sugiere comportarse «como normalmente se hace en una boda. Se empieza a comer a las ocho de la tarde con los aperitivos, a las diez se empieza a cenar, se termina a la una de la madrugada y luego, a lo mejor a las tres, hay una nueva cena».

EN CINCO MINUTOS

“Comer dos platos y un postre en cinco minutos, no sólo asegura una mala digestión, sino que ocasiona problemas digestivos más serios a largo plazo. Es recomendable tomarse un mínimo de 20 minutos para comer a un ritmo adecuado y masticar correctamente, o al menos sin tensiones”, señala la nutricionista Magda Carlas, autora del libro “Alimentarse bien al ritmo de hoy”.

A su vez, el doctor Guerra aconseja «no atiborrarse de líquido, porque el estómago no tiene capacidad digestiva», ingerir «muy poca cantidad de alimentos fuertemente grasos, los más dañinos a la hora de hacer la digestión” y evitar «los alimentos muy voluminosos».

– Muchas veces comemos en cinco minutos, incluso los días festivos, o devoramos los platos sin saber siquiera qué hemos comido; aparte de privarnos del placer de paladear los alimentos, comer de forma inadecuada comporta a largo plazo trastornos digestivos y una ingesta mayor que la deseable – explica Magda Carlas, quien insiste en que hay que “procurar comer en un ambiente tranquilo, relajado, sin tensiones y con el tiempo suficiente; las comidas de negocios rara vez proporcionan una buena digestión, sino más bien un montón de gases y cierto ardor. El tiempo que se ‘pierde’ en comer con tranquilidad, después se gana en salud y bienestar”.

A LA MISMA HORA

Para la médica nutricionista Luz García Juan, especialista en dietética y adelgazamiento, para una alimentación saludable hay que comer de forma adecuada, es decir, sentados, despacio, masticando bien y saboreando los alimentos. También conviene regularizar los horarios de las comidas, así como alimentarse con regularidad y tranquilidad.

Además, según la doctora García Juan, la regularidad es una de las cualidades que más agradece el organismo: se recomienda que las comidas del día se realicen siempre a la misma hora y la cena no se tome demasiado tarde. Cierto orden en los horarios favorece, entre otras cosas, un comportamiento alimentario adecuado y una buena digestión.

“Se puede disfrutar comiendo en soledad serenamente, pero también es positivo reservar ciertos momentos para estar con personas a las que se quiere o aprecia, o compartir actividades placenteras, como una conversación mientras se está comiendo junto a ellas, lo cual ayuda a liberar endorfinas, unas sustancias hormonales que producen bienestar”, dice la nutricionista.

 

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