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Trabajo sin dolor

Al tenista le duele el codo; al escritor, el cuello; al obrero, la espalda; al nadador, el oído… la medicina ocupacional estudia la relación de las profesiones con la salud. Diversas lesiones aparecen no sólo por el ambiente físico y el sobre uso de ciertas articulaciones, sino también por el estrés que aflora progresivamente.

Un punto común para todas las especialidades médicas es el dolor. En sus distintas dimensiones y localizaciones, puede ser “un dolorcito de cabeza”, “una molestia en el hombro”, “un taladro en la rodilla”, “una contracción uterina”, que va desde “el dolor más fuerte que he sentido en la vida” hasta “bueno, realmente no es un dolor, es una molestia”. La forma como se percibe la intensidad del dolor tiene mucha influencia cultural. Algunos hacen todo lo posible por ocultar que “se están muriendo”, con gran estoicismo pueden enmascarar cuadros verdaderamente graves; otros son todo lo contrario, para quienes “una uña enterrada” puede ser una verdadera tragedia. No siempre depende de nosotros mismos, hay una escala mundial de dolores intensos que independientemente de la formación o intención por ocultarlo, esto resulta imposible. Es el caso de la expulsión de una piedra en el riñón, o en la vesícula, una pancreatitis, un infarto, un dolor de oído.

Oficinistas, “el mal de escritorio”

Con este grupo pueden identificarse quienes se sientan diariamente frente a un escritorio, rodeados de papelería, computador, en una silla y demás mobiliario de oficina. A veces resulta curioso que alguien se pregunte por qué le duele la espalda, hasta el cuello y la cabeza; si tiene nueve horas sentado frente a un monitor, sobre una silla que está un poquito ladeada, carente de apoyado para los hombros y a una altura más baja que la de la pantalla. Después un dolorcito de estómago; y resulta que se saltó dos comidas durante un día de entrega final y, además, para mantenerse despierto, lleva cuatro tazas de café. Al final de la tarde, hasta los ojos duelen.

RECOMENDACIÓN: muchas de las manifestaciones ocurren por desconocer las normas que rigen todo lo relacionado con el ser humano adaptado a una oficina: ergonomía laboral, disciplina que descubrió que la silla debía tener cinco patas para que la columna no sufra, y que se debe descansar la vista de la exposición a un monitor cada 45 minutos. También, evitar mecanismos lesivos producto de ingerir sustancias estimulantes, estar sometido a estrés y obviar comidas.

El túnel de las secretarias

Antes, las secretarias escribían en máquinas con teclados durísimos, lo que producía un trastorno conocido como el “Síndrome del Túnel Carpiano”, generador de un fuerte dolor en las manos y antebrazo y, poco a poco, pérdida de las funciones de agarre y de fuerza. El uso excesivo de la articulación produce el engrosamiento de la capa que rodea a los tendones al nivel de las muñecas, quedando comprimido el nervio (el mediano) que pasa a ese nivel. Luego, sobrevienen “corrientazos” muy dolorosos.

RECOMENDACIÓN: cuídese y asegúrese de que en su trabajo se están cumpliendo las recomendaciones internacionales para evitar enfermedades. Busque información sobre medicina laboral, enfermedades ocupacionales y ergonomía. Y, sobre todo, ¡aplíquelas!

Los médicos también dicen “ay”

El médico se caracteriza por trabajar siempre bajo presión, ya sea por la sobrecarga laboral o debido a las continuas exigencias académicas imprescindibles para mantenerse actualizado. Algunos afirman que también, muy en el fondo, sienten un inmenso temor a la muerte. Estas condiciones lo convierten en blanco de dolores con fuerte influencia psicológica, y que empiezan en la mente y terminan en el cuerpo abriendo úlceras estomacales, gastritis, migrañas. Los achaques se producen según la especialidad, por ejemplo, los cirujanos pasan largas horas de pie.

RECOMENDACIÓN: al final de la jornada, a los cirujanos no les queda otra que elevar las piernas o usar medias anti varicosas para evitar el dolor por congestión vascular.

Corazón de jefe

Desde hace años muchos altos ejecutivos no disfrutan de vacaciones, se alimentan copiosamente, manteniéndose despiertos con “un cigarrito y un café”, lo que los lleva a sufrir de hipertensión pocas veces combatida con el adecuado tratamiento. Un dolor en el pecho sería un diagnóstico que corearían todos al unísono en su trabajo: “Le dio un infarto”. Es un dolor en el pecho muy típico en quienes se exponen a tantos factores de riesgo.

RECOMENDACIÓN: darse tiempo para desestresarse, dejando a un lado las responsabilidades para comenzar a disfrutar de la vida.

Obreros, bloque a bloque

Con un taladro en la acera, noche y día para hacer dinero extra. Esa pesada máquina vibrante poco a poco hace temblar las muñecas, tambalea la columna vertebral, contrae los músculos. Luego, la continua exposición solar causa estragos en la cabeza; entretanto, los pies se muestran adoloridos por soportar tanto peso todo el día.

RECOMENDACIÓN: por eso la jornada debe ser limitada, existen guantes, cinturones, cascos, tapa orejas y todo cuanto disminuya el impacto de la máquina sobre el hombre.

La factura del trabajo

Los dolores músculo esqueléticos encabezan la lista de las enfermedades ocupacionales, alcanzan hasta el 85% de las causas de este tipo de quebranto.

Las enfermedades psicosomáticas acompañan a todos aquellos sometidos a estrés psicológico.

El dolor torácico, el más temido, es el signo cardinal de la primera causa de muerte en nuestro país, las enfermedades cardiovasculares.

El dolor abdominal puede ser expresión, entre muchas otras causas, de la alimentación inadecuada y a deshoras.

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